Y terminará la semana, y los discursos y las felicitaciones, como termina el día y la primavera…y la misma vida.
Y volveremos a sentir y vivir los aguijones de la miseria, de la estrechez económica en el ejercicio de la profesión de periodista.
Cierto, es mucho lo que se ha alcanzado. Hay más libertad, mejores oportunidades para la aplicación aún sea a regañadientes, de la Ley 200-04 sobre Acceso a la Información, tenemos mejores herramientas que la simple pluma, la libreta y la máquina de escribir para la redacción de noticias.
Con todo y la tecnología, los periodistas en su gran mayoría, se desempeñan en niveles medios y de pobreza.
Como en otras profesiones, entre nosotros también pueden existir los vividores, buscavida, los de signo de pesos en los ojos, capaces de vender su alma al Diablo con tal de tener dinero, capaces muy capaces, en retorcer, adornar, tergiversar, maquillar la información con tal de agradar a dirigentes políticos, funcionarios, legisladores, empresarios…!A cualquiera que esté dispuesto a engrasar…y engrasar bien!
Para esas manchas, no van mis felicitaciones. Sepa el que abraza esta profesión tenida como sacerdocio por muchos, que a ella no se va a alcanzar riquezas.
Menos, cuando se ejerce, se trabaja con honestidad, en la búsqueda del bien común, en el despertar conciencias y elevar niveles de pensamiento crítico.
Reconocemos, que el periodista no es perfecto. Reconozco que sus juicios pueden estar equivocados sobre determinados hechos o accionar de la vida diaria.
Estamos de acuerdo en que una cosa es errar por desconocimiento y otra es hacerlo adrede, para inducir a otros a juzgar y actuar mal en la formación de la opinión pública.
Nos adelantamos y felicitamos a esos hombres y mujeres profesionales o empíricos que ejercen la profesión de periodista.
A esos que no tienen necesidad del chantaje y enlodar honras para extorsionar. A esos que no hacen uso del teléfono o la Internet para solicitar dádivas.
Felicitamos a esos que a sabiendas de su papel como guardianes y vigilantes, conocen por igual que ellos mismos pueden y son vigilados para demandarles el uso correcto y ético de la profesión.
A esos que muchas veces no tienen con qué comprar un pollo para llevar de comer a su familia. A esos que ni siquiera saben lo que es un seguro de salud o de vida…pero ejercen con dignidad y decoro.
A esos que no conocen lo que es tener una placa o pergamino de reconocimiento a su labor, colgada en una pared de la vivienda. A esos que nunca han sido ni serán comensales de gobernantes pero no tienen de qué avergonzarse en el ejercicio del periodismo.
A esos felicitamos en el Día del Periodista.