Lo que ninguna gestión diplomática o política pudo conseguir lo ha logrado el corazón magnánimo de todo un pueblo. In sólidum Todos, por tanto, deberíamos cuidar las prendas morales obtenidas a golpes de solidaridad de una sociedad cuya despensa no es  el faraónico granero egipcio. Y todo se ha hecho como debiera ser . Y aún podemos la efectividad de la asistencia.

 

Sin embargo, el uso de la frontera y el territorio nacional para robar y secuestrar niños haitianos y el todavía solapado cobro de “peajes” por militares dominicanos a ciudadanos haitianos que entran al país, bien pudiera afectar la justa reputación obtenida.

 

Estos casos debieran servir para la toma de precauciones, que eviten que lo ganado se pierda en corto tiempo. La obra de solidaridad en marcha perfila un estado de confianza en las relaciones binacionales que debemos cuidar y mimar con esmero.

 

Sobre la solidaridad y la confianza mutua derivada construiremos el anhelado futuro de entendimiento y paz que favorecerán el desarrollo isleño que tanto necesitamos.

 

Que no cambien nuestros soldados el fusil y los laureles por un caduceo, que solo desprecio y conflicto puede traer. Y este señalamiento que hacemos nos viene a partir de entrevistas muy reveladoras a ciudadanos haitianos, que huyen del infierno al paraíso más cercano y a cualquier precio.

 

Buscan seguridad para sus vidas. La respuesta no puede ser mercurial.

 

Tomemos las medidas necesarias para contener esta tentación de militares o supuestas ONGs, que pueden empañar el bien ganado mérito del pueblo dominicano.