De ninguna manera significa esto que el periodista o comunicador deba estar sujeto, narigoneado, manipulado cual marioneta o títere de persona alguna, sino que debe hacer uso de su discrecionalidad, su buen juicio  y tacto al realizar preguntas, analizar, comentar o redactar alguna información respecto a alguna autoridad.

 

Los hay sensibles. Con piel tan delicada que aún sea tocada con guantes de seda sienten escozor o prurito.

 

Entre estos por igual, existen quienes les gustan trazar pautas sobretodo, en programas de entrevistas y suelen responder con sandeces y exabruptos ante cualquier pregunta inesperada y a la que ellos por lo general no tienen a mano una atinada respuesta.

 

Cuando la interrogante es de por sí de interés colectivo y el periodista o comunicador insiste, entonces suelen algunos, lanzarle toda suerte de improperios y denuestos como ocurrió recientemente con el presidente del senado a uno de los periodistas de El Caribe.

 

Los veteranos en esto del periodismo y la comunicación aconsejan no tener una especie de maridaje tan centrado que envuelvan fiestas, comilonas, homenajes, regalos, asignaciones económicas por debajo de la mesa y otras ¨¨especies¨¨ debido a que estos son lazos y caramelos envenenados que en algún momento harán daño a quienes son beneficiados de los mismos. 

 

¿Quiere esto decir que un periodista o comunicador  NO puede  servir de vocero, encargado de prensa,  relacionista público o director de campaña de algún candidato político?

 

¡DE NINGUNA MANERA! “! Claro que puede! Es su derecho. Ahora bien, ¿Qué cuesta anunciarlo, decirlo, darlo a conocer? Es mejor hacerlo y no emitir juicios, analizar hechos o situaciones, lo mismo que  fomentar opinión pública haciendo creer que se trabaja sin compromisos políticos o empresariales.

 

Alguien se dará cuenta. Algún error nos delatará, algún rastro dejaremos que los sabuesos olfatearán hasta encontrarnos.