El ex ministro Straw no es el primero en admitir ese “error”.

 

El propio ex presidente Bush llegó a reconocer que había recibido informes equivocados, pero también dijo que comoquiera hubiera lanzado la guerra contra Irak, con lo cual quería decir, entre otras muchas cosas, que Estados Unidos sigue atado a la necesidad de una o más guerras porque ése es un negocio muy lucrativo para los dirigentes de esa sociedad y que para inventar esas guerras están dispuestos a lo que sea.

 

Parecería increíble que una guerra que por momentos llegó a costar al pueblo de los Estados Unidos mil millones de dólares por semana, es decir, 52 mil millones de dólares al año, se fundamentara en una mentira: la de que Irak poseía armas de destrucción masiva, pero así es.

 

Siete años después de la invasión nadie ha encontrado las armas de que habló el ex presidente Bush, pero Irak está destruido y ocupado militarmente; millares de sus hombres, mujeres, niños y ancianos han muerto y siguen muriendo aún y el mundo es víctima de las consecuencias de una de las peores crisis económicas de los últimos tiempos entre cuyas causas principales está la enorme cantidad de dólares invertidos en otra guerra mentirosa.

 

Lo lamentable es que los responsables de esa guerra mentirosa no pagarán por su fraude y ésa es una tragedia tan grande para el mundo como la propia guerra. Es admitir que las  potencias se pueden pasear por el mundo imponiendo hasta sus mentiras con toda impunidad.

 

Que pueden desatar tragedias espantosas que después podrán explicar con un simple “me equivoqué”.

¿De qué justicia y de qué moral o supuesta democracia pueden hablar quienes así se burlan de la humanidad?

 

Fuente:www.perspectivaciudadana.com