Dos años de genuflexa actitud de los Regidores de todos los partidos en la Sala Capitular del municipio de San Felipe de Puerto Plata tiene hoy una expresión de rebelión de siete de los trece Regidores que componen ese organismo edilicio, que parecería, según rumores, tiene su origen en incumplimientos sistemáticos del Alcalde Walter Musa, en prebendas que mediante acuerdos se venían ejecutando para poderles tener acallados.
La frase famosa: “El que pide con timidez se expone a que le nieguen lo que pide sin convicción”, del revolucionario francés Robespierre en su tribuna del Congreso de la Francia sublevada, adquiere matices dramáticos en la Sala Capitular de este municipio, donde el Alcalde recibió una denegación de parte del grupo de los siete a sus intenciones de escoger a su imagen y semejanza, quien presidiría este organismo en el período 2012 – 2013, que hasta ahora, sus designios, nunca habían sido contradecidos e irrespetados, por la aceptación genuflexa de toda la membrecía de ese organismo, incluyendo a los cuatro que salieron electos por el PRD, que aunque no hacían mayoría, si hubiesen tenido una postura gallarda, apegada a los principios legados por nuestro máximo líder Dr. José Francisco Peña Gómez de “Primero la Gente”, como opositores, hace mucho, pero mucho tiempo, que se hubiesen conocido, muchas de las maniobras que se vienen realizando en el ayuntamiento, que no cuentan con la transparencia ni la prioridad que necesitan nuestras barriadas para poder lograr un repunte en el manejo de su distribución urbana, del saneamiento de sus necesidades más vitales y del ordenamiento de sus condiciones de supervivencia como polo turístico actualmente deprimido y en total bancarrota.
Después del 16 de agosto, cuando fue jurada la Lic. Evelyn De la Cruz, como Presidenta de la Sala Capitular, se ha armado un despelote, donde el Alcalde Walter Musa, ha tenido que enfrentar una rebelión pacífica, pero aparentemente compactada del grupo de los siete, que si analizamos a profundidad, por lo que de historia podemos narrar, procedería este amotinamiento, a las dos cabezas que quiso jugar cuando dio rienda suelta a que los Regidores decidieran legislar para sí mismos y para él, de trasmano, aumentándose los sueldos a 90 mil pesos cada uno y a él llevarlo a 150 mil.
Como a nadie se le puede ocurrir que el Alcalde iba a levantar la mano para involucrarse en esta medida a todas luces impopular, porque mucho tiene que cuidar su espalda, dejó que los Regidores se quemaran en la hoguera del desprestigio, la falta de credibilidad y de los cuestionamientos que el pueblo entero volcó a través de los medios de comunicación de Puerto Plata. Y eso, como es natural, comenzó a sembrar cizaña. Luego siguieron los repartos de áreas verdes y otras bellezas inmobiliarias, que les sacaban de circulación; además del reparto de bonanzas de contratos que se aprobaban y del constreñimiento en la asignación de nominillas, viáticos y gasolina, que hizo estallar la disidencia, porque las lesiones a sus presupuestos individuales estaban siendo esquilmados por el Alcalde, que parece ser fue mal asesorado, pensando que porque tiene el vuelo y opinión pública suficientemente doblegada, podía mantenerles subyugados. Pero como no se puede jugar con los intereses individuales, la sublevación se hizo presente y ahora tendrá el Alcalde que emplearse a fondo para contenerla, porque él sabe, que todo es apariencia, ya tiene dos años que se conocen plenamente, y sabe para que da cada quien, de ahí que vino la venganza con el Cementerio, porque no se puede pensar que el antiguo incumbente quiera quedarse con el “santo y la limosna”, después de haber sido engrasado para que se mantuviera como un incondicional a sus designios.
Estamos hablando de piratas y corsarios y no de Regidores y de Alcaldes que proliferan en el país y que en el municipio de Puerto Plata no escapan a estos desenfrenos, que otrora se dilucidaban en los mares y hoy se escenifican en terrenos, urbanizaciones, permisos, contratos y reparticiones en las Salas Capitulares.
Así que para volver apaciguar los ánimos en la Sala Capitular del municipio de Puerto Plata, hay que dejar que los solares de las áreas verdes de la urbanización Cerro Mar, por ejemplo, salgan de la palestra pública y que pueda el Alcalde darle el visto bueno con la condesdencia de hacerse el ciego y volver de nuevo a dar las facilidades propias no a un sector, si no a todos y todas, para que las aguas comiencen a correr en todos los sentidos. Así vendrá la paz y la tranquilidad no para favorecer al pueblo, si no para seguir engordando las arcas de los que juraron al salir electos/as, representar al pueblo.