Mucho se ha dicho de que no es oro todo lo que brilla, y los dominicanos hemos sido víctimas de este axioma, porque una vez, cuando aun la inocencia y la candidez nos arropaba, creímos que podíamos entregar nuestro oro a cambio de espejitos que deslumbraban más que el áureo metal.
 
Hoy nos deslumbran   muchas más cosas, que aquellas que en los embriones nos obnubilaron, por eso tenemos legisladores que cegados por el metálico brillo fueron capaces de aprobar sin leer, y mucho menos verlo;  un contrato que no solo mata nuestra economía, sino que también cercena nuestra ecología, nuestra producción y por ende nuestra vida como nación.
 
Por eso nos alegra y nos ilusiona el discurso de nuestro primer mandatario, porque no solo expresa no estar de acuerdo con esa conducta somnolienta de nuestros representantes, sino que manifiesta una escasa valentía que ya añorábamos en los quehaceres nacionales, pero sobre todo, porque de una manera sabia e “inocente” señala donde están los beneficiarios de esa conducta apátrida y anti nacional.
 
Es posible que a partir de ahora el oro de Pueblo Viejo brille de otra manera, porque es posible que el aura tricolor de nuestra independencia pueda asomarse con mayor nitidez a los cráteres y a las furnias que ya han abierto las fauces de la ambición, y es de esperarse que como brilla el oro de Pueblo Viejo, también brille la vida y la esperanza que subyacen en Loma Miranda…  
 
Hasta pronto;… [email protected]