En una suerte de definición antropológica–cultural en AL FILO DE LA DOMINICANIDAD; Andrés L. Mateo nos dice: “Si algo intangible define la dominicanidad, es esa lucha a muerte entre el parecer y el ser. De hecho la tumultuosa carga de nuestra cotidianidad está atravesada por e fantasmeo, y el lenguaje enfático de la grandilocuencia”.
 
Cuando el doctor Leonel Fernández lanzó el reto de la CONCEPTUALIZACION (solo él era el dios del concepto y al mismo tiempo su profeta), yo me quede esperando la respuesta contundente de la llamada intelectualidad nacional, de los académicos. Vana espera. Por poco devengo en un remedo de Penélope.
 
Así comprendí dos cosas: la primera, los altos niveles de cooptación, corrupción y hasta de cobardía ¡ay don Américo Lugo, aparte de mi ese ejemplo! Arropante de la nombrada INTELIGENSSIA dominicana; la segunda que en la terca epistemología simbológica del aguaje, del bulterismo, del paqueterismo dominicano es verdad que la mitad del pleito es el allante. Y en esa materia los liberadores han creado una verdadera escuela.
 
Es de vital importancia detenerse en dos aspectos de la personalidad política del dooctor Fernández Reyna: su dimensión intelectual, su liderazgo internacional.
 
En cuanto al primero, la creatividad y holgura intelectual del Dr. Leonel Fernández, los americanos del norte quienes son los engendradores de estos íncubos y súcubos neoliberales, dieron sobre ese primer aspecto, en un cable vertido en wikileaks en relación a su discursar, la más certera definición encontrada por mí hasta ahora: ni es original, ni es profundo (un Ni-Ni).
 
 En efecto si uno observa de cerca, haciendo abstracción del uso adecuado de la tecnología, el cogito discursivo del príncipe nota Prima Facie la carencia de una base humanística, de una fuente de humanismo, que estuvieron presentes en los lideres ya fallecidos. En Balaguer debido a su inmersión juvenil en los abrevaderos del Hostosianismo y del Arielismo existió ese humanismo, retardatario y conservador (porque nunca hubo en él asomo de un pensamiento político moderno) pero humanismo al fin y al cabo, galopando en los territorios elitistas de una retorica ampulosa.
 
En Bosch a pesar de las tempestades tormentosas producidas por su temperamento y su carácter, ese humanismo de intelectual y de escritor podía conducirlo, a veces, hasta a la ternura. Y en Peña Gómez, obviando la cortedad de su léxico discursivo, también hacia aparición esa dosis de humanismo por encima de todos sus defectos porque era en esencia un hombre bueno. En el león es solo el lenguaje neoliberal y el discursito de internet de los commodities y de las altas cifras el que impera.
 
Y es que más que una cerrada lucha ontológica entre el parecer y el ser lo que hay en el Dr. Leonel Fernández es toda una escenografía radiante de simulación descarnada.
(Continuará….)       
 
Por Ascanio Peña de La Cruz.-