Necesitamos, entonces, enfocar nuestra atención en la manera en que vamos a confrontar la “fábrica” creciente de pobres y pobreza en nuestro pais. La desigualdad. Nos encaminamos a un estado de polaridad social y económica tal, que hará imposible la convivencia social civilizada.

 

Nuestro régimen económico y social, el modelo tan mencionado, se desenvuelve en base a una estructura de bajos salarios, una profusa informalidad económica, con un nivel precario o ausente de protección social; una vocación importadora generalizada acompañada de una fuerte presión externa por el abaratamiento del trabajo y una creciente capitalización de los sectores productivos, en contraposición a la caída de las rentas del trabajo desprotegido.

 

Somos campeones del crecimiento. Y líderes en desigualdad e injusticia social.

 

Si somos capaces de producir tanta riqueza como lo revelan las cifras del PIB nacional, ¿Cómo vamos a redistribuir, a socializar, las utilidades excesivas? ¿Se va permitir el crecimiento sin fin en la concentración patrimonial? ¿Cuáles son los límites socialmente tolerables en una sociedad que se precia de democrática y fundada en el concepto de Estado Social de Derecho?

 

Estamos compelidos a revertir esta situación a corto y mediano plazo, que hagan de la prosperidad un bien de todos. O de la pobreza nuestro camino al infierno.

 

Es el momento propicio para la reflexión serena y el temple de nuestra voluntad de cambiar para mejor. Con realismo y sin aventuras irresponsables.


Fuente: www.perspectivaciudadana.com