“El PRD se parece a los árboles que pierden sus hojas amarillentas batidas por las ráfagas de las tormentas y los huracanes de otoño y reverdecen de nuevo con el advenimiento de cada primavera. Por eso nuestros enemigos nos ven zozobrar en cada crisis e indefectiblemente la nave del PRD ha llegado siempre a puerto.
En cada crisis, el cuerpo del partido, que es su militancia, se convulsiona y palidece, más luego recupera el vigor antes de que la enfermedad de la división o las tentaciones de la prevaricación destruyan su salud física o moral, porque no sólo se puede morir el cuerpo, sino que se puede morir el alma, y en ese punto, un partido muere cuando viola sus principios”.
José Francisco Peña Gómez, 5 de julio 1981.
Por esos principios legados, las bases del PRD sepultarán a todos/as aquellos/as que utilizando el otorgamiento de poderes violatorios a los Estatutos, ha pretendido erigirse como un faraón, olvidando las esencias democráticas que dio origen el 21 de enero de 1939 al nacimiento del PRD en el exilio hace 74 años.
Erigirse Miguel Vargas como “ley, batuta y constitución”, ha sido el manejo mas desacertado que puede hacer un político con pretensiones presidenciales; y hacerlo utilizando al PRD como punto de apoyo, lo convierte en reo y creador de su propia desgracia.
La crisis del PRD que se ha extendido más de la realidad que nos envuelve, y que como un volcán, con una emisión violenta hacia la superficie, brotó la erupción de su lava incontenible producto de una convocatoria del Comité Ejecutivo Nacional hecha de manera autoritaria por el Presidente del PRD, cercenando el listado de sus miembros/as y anexando personas de manera unilateral y atropellante, que tenía como finalidad ejecutar la expulsión sumaria en contra de Hipólito Mejía y Andrés Bautista y de ratificar las sanciones a Geanilda Vásquez y Orlando Jorge Mera, lo que nos dice claramente que el problema del PRD no es jurídico, sino político y que la salida al conflicto no es sólo con propuestas de
diálogo y de unidad, ya que en el fondo de todo esto se puede apreciar cómo la mano del Gobierno y de Leonel Fernández, a través del Tribunal Superior Electoral, tienen el claro propósito de convertir al PRD en una franquicia o en un partido bisagra, con la complacencia y el conciliábulo de Miguel Vargas Maldonado y sus adláteres, que han negociado la dignidad y el decoro de los/as perredeístas.
diálogo y de unidad, ya que en el fondo de todo esto se puede apreciar cómo la mano del Gobierno y de Leonel Fernández, a través del Tribunal Superior Electoral, tienen el claro propósito de convertir al PRD en una franquicia o en un partido bisagra, con la complacencia y el conciliábulo de Miguel Vargas Maldonado y sus adláteres, que han negociado la dignidad y el decoro de los/as perredeístas.Tomar la Casa Nacional fue un acto de fuerza, abandonarla después de prudencia, que pone de manifiesto una actitud conciliadora. Pero que sepan, que si hay que volver con la fuerza de las masas se vuelve y se toma de nuevo. El PRD no puede estar encadenado, con sus organismos secuestrados; por eso cuando las masas irrumpieron, todos los miguelistas que pretendían avalar esta ignominia, huyeron despavoridos, porque no
tenían la moral para enfrentarse a los que defendieron con su incursión el derecho a disentir, sus derechos adquiridos en años de militancia y el respeto a los principios.
tenían la moral para enfrentarse a los que defendieron con su incursión el derecho a disentir, sus derechos adquiridos en años de militancia y el respeto a los principios.El PRD ha sido una escuela política democrática desde su nacimiento hace 74 años; y por tanto el PRD no es patrimonio de nadie. Miguel Vargas no tiene condiciones ni méritos para atropellar y agredir figuras relevantes del perredeismo que han dado sus vidas por la vigencia de los Derechos Humanos, la democracia y el Socialismo Democrático, valores que Miguel Vargas, pretende destruir.
No es la vida del PRD la que está en juego, es la democracia, es la libertad y la justicia, por eso esta lucha no debe ser sólo del PRD verdadero, sino la de reunir otras fuerzas políticas y sociales para que tengamos éxito y anulemos las pretensiones de los enemigos visibles e invisibles que pretenden anularnos.