La ciudadanía Dominicana  es una condición constitucional  establecida para todos los que por origen, descendencia o adopción, optan por residir y hacer vida en este territorio.
 
Para ser ciudadanos no necesitamos dominicanos no necesitamos  proceder de una casta especial, ni tener una condición social  y económica especifica, sino ser originarios del territorio nacional y acogernos a las normas jurídicas y morales que nos rigen como sociedad.
 
Esta reflexión la saco a colación como consecuencia de haber recibido el testimonio de una joven mujer Dominicana, que me confesó el pasado fin de semana , la forma  vejatoria y  displicente en que fue tratada en  la dotación principal de la Policía nacional donde acudió a formalizar una denuncia sobre el brutal acto de violación sexual del que fue víctima.
 
A pesar de los abundantes golpes, moretones y arañazos que esta joven ciudadana presentaba en casi todo su cuerpo, y a pesar de las descripciones que aporto sobre su agresor, las autoridades de la “ley y el orden”  esos que dicen ser defensores de la seguridad  de los ciudadanos,  no se motivaron a mover su brazo justiciero, porque la denunciante ejerce el oficio más viejo del mundo; la prostitución.
 
Eso quiere decir  que la condición socio-económica de la denunciante borró sus prerrogativas de ciudadana, con derecho a ser protegida por los que se auto-nombran guardianes de  la ley, lo cual hace concluir que si se toma  medida, esa actitud policial frente a  esta mujer ciudadana; y  comparándola con los  miles de casos y denuncias hechas por mujeres, hoy fallecidas, tendríamos que concluir, que a las mujeres dominicanas, hasta la ciudadanía nos están negando…