Ante el deterioro de los servicios públicos en esta ciudad (vale resaltar la falta de agua potable) la inseguridad ciudadana, la poca o tímida inversión empresarial, se escuchan voces y se leen artículos, que reclaman la unificación de los hijos de Puerto Plata.
A veces se nos olvida más bien, se les olvida a aquellos que se creen tan altos en las cumbres que la distancia les impide escuchar las voces de quienes delegaron en ellos el poder, que también a esas alturas ocurren fuegos, nevadas y terremotos.
Ahora resulta ¡Qué bueno! Que nos estamos quedando solos en la lucha por el renacer de Puerto Plata.
¡Qué bueno que una picadura de mosquito nos mueve y despierta antes que nos devore un dragón.
¡Gracias al cielo que aún sea de manera tímida salimos de nuestras trincheras! Porque…!Total! un alud puede sepultarnos en ella, una lluvia de granadas nos pueden hacer volar en pedazos…o la misma inactividad anquilosa y paraliza nuestros cuerpos y luego, no tenemos siquiera el valor de apretar el gatillo.
¡Magnífico que nos damos cuenta que en una sociedad todos nos necesitamos porque de ella, todos formamos parte! Los chiquitos y los grandes, los ricos y los pobres iletrados o no, profesionales o empíricos, todos!
¡Excelente! porque nunca es tarde para aprender que no podemos seguir viviendo de espalda ante la realidad por la que atravesamos como sociedad otrora progresista y con visión de futuro.
¡Excelente! Porque me da la oportunidad de ofrecer mi hombro, mis manos, mis talentos –si acaso los tengo- para junto a los tuyos empujar la carreta a favor de Puerto Plata en una misma dirección.
Digo en una misma dirección, no sea que aunque ambos estemos pegados a la carreta uno empuje a la derecha y otro hacia la izquierda…o uno de los dos ni siquiera empuje, y solo estemos allí haciendo teatro.