La deuda social que tienen los políticos de todos los partidos con la población Dominicana es incalculable; desde hace décadas, los ciudadanos acuden a las urnas con la esperanza de elegir candidatos, que sensibilicen el estado, aguardan el cumplimiento de las promesas de campaña en las que los hombres y mujeres que gobiernan prometen respetar las leyes, y les aseguran a los ciudadanos una vida digna, oportunidades de empleos, salud, educación entre otros derechos.
Lo más extraño de nuestra sociedad, es la pasividad que caracteriza a la población Dominicana, todos se quejan por lo bajo, es una costumbre muy arraigada en la que la población difiere, de sus gobernantes, de sus patronos, de los malos servicios recibidos por las grandes empresas estatales, del abuso de las telefónicas, de la corrupción administrativa.
Todos se quejan, pero pocos accionan, somos una sociedad “alegre” que “sonríe” y que prefiere el colmadón a la biblioteca, el carnaval a los libros, el jolgorio y la chercha al sacrificio que representa organizarse.
Parece difícil ponerse de acuerdo para exigir los derechos arrebatados , para dejar de vivir en la ignominia representada en la pobreza material y espiritual y los barrios pobres infectados por el micro tráfico de estupefacientes ante las narices de sus moradores y autoridades policiales.
Preferimos el carnaval de ilusiones, ver el progreso económico de los políticos ante nuestras narices y sin justificación, avalados por un sistema judicial que no es ciego y un ministerio publico que se excusa y justifica ante los corruptos de cuello blanco y se envilece frente a los desamparados y desarrapados.
De todos modos que siga el Carnaval.