No creo sea tan difícil identificar las llamadas canciones de corazones rotos. Sin embargo, no necesariamente tenemos que haberlas vivido en carne propia, ni haber pasado siquiera por situaciones semejantes.
 
¿Por qué entonces las amamos y muchas veces nos identificamos con ellas? Pienso, que por nuestra condición de seres humanos.
 
Algunos estudiosos del bolero como el cubano Héctor Orovio sostienen que” el bolero enraizado en el ser latino, y en sus letras ejemplifica la idiosincrasia romántica de nuestros pueblos”
 
Tiene entonces sobrada razón el maestro Manzanero al preguntar si existe algún mortal que no haya sufrido alguna decepción amorosa o sentimental, que no haya entrado “ a las negras noches del alma rayando en la casi desesperación y la locura”.
 
Necesario tal vez, aclarar que no siempre el autor ni siquiera el intérprete hayan vivido el drama que narran.
 
Escasos los autores o compositores de boleros que han contado las razones de muchas de sus canciones. Ahí tenemos a la cubana Isolina Carrillo y su clásico Dos Gardenias.
 
La gente, usted, nosotros, con el tiempo llegamos a tejer e hilvanar historias reales o no, las más de las veces viendo en esas canciones espejos reflejantes de nuestras propias vidas.
 
Ya lo expresaba Don Miguel Matamoros allá por los años 20 del Siglo pasado “ aunque tú me has dejado en el abandono y has muerto todas mis ilusiones, en vez de maldecirte con justo encono, en mi alma te colmo de bendiciones” en su eterno Lágrimas Negras.
 
Si así se expresaba Matamoros en Cuba, otro grande en México luego de su jornada cabaretera entre humo, licor y mujeres, sentado al piano escribe…”mi rival es mi propio corazón por traicionero, yo no sé  cómo puedo aborrecerte, si tanto te quiero”.
 
Mientras que, por esta zona del Caribe Antillano de sol candente, arena y mar, Do Pedro Flores dejaba al mundo como tormenta amorosa su Amor Perdido donde “todo fue un juego, no más en la apuesta, yo puse y perdí”.
 
Y su vecino y compueblano nuestro, el inmenso Juan Lockward luego de esas noches bohemias y tormentosas, ya en las madrugadas de un otoño cualquiera, extrañaba a la amada y escribía…”por qué no ha de ser, que me vuelvas a querer como me querías ayer…”
 
Es la canción de corazones rotos, de almas desgarradas por la distancia y el olvido del ser que se ama calladamente.
 
Nada mejor, que el bolero para describir, narrar, contar situaciones reales o no, por las que suele atravesar el alma humana.
 
¿“que sabes tú?” le pregunta un roto corazón a otro…”si tú no sabes nada de la vida”.
 
“y qué me importa…”  Canta un corazón abandonado a otro que se ha ido. Realmente le importa…y mucho!
 
Mario de Jesús, ilustre del verso romántico en su bolero Ayúdame Dios mío, pide al Altísimo que le ayude a arrancar del alma esa pasión tan loca…!La quiere!
 
Enriquillo Sánchez en su inmortal Casita de Campo dice “ahora que estoy solo, que me ahoga el llanto, casita de campo, cuándo junto a ella volveré a soñar”. Es la canción de corazones rotos.
 
El argentino Palito Ortega nos describe sutilmente un estado del alma en su bolerazo Lo Mismo que Usted, al sostener que “cuando llego a mi casa y abro la puerta me espera el silencio. Silencio de besos, silencio de todo, me siento tan solo lo mismo que usted”
 
Es esa soledad que hace a Gilberto Gonzáles Flores autor De Cigarro en Cigarro expresar…”miro el tiempo pasar, el invierno llegar, todo, menos a ti. Si otro amor me viniera a llamar no lo quiero ni oir”. Es otro amor que quiere y espera. El amor como puñal una vez traspasa la piel, deja huellas, cicatrices.
 
Por eso, quizás por eso, es que Consuelo Velázquez autora del laureado Bésame Mucho, en otro de sus boleros Amar y Vivir, afirma que “se vive solamente una vez, hay que aprender a amar y  a vivir, hay que saber que la vida se aleja y nos deja llorando quimeras”.
 
Es la simple expresión sincera y franca de un corazón roto.
 
Nuestro Aníbal de Peña en su clásico Mi Debilidad, con más de 50 años en el gusto de los y las románticas, nos recuerda que…”mi debilidad fue quererte con toda mi alma, mi debilidad fue adorarte, mi debilidad es no poder olvidar de una vez todos tus besos, mi debilidad…es quererte todavía”!
 
Ejemplo fehaciente de corazón roto y enamorado a la vez.
 
Nos detenemos aquí, porque son cientos, miles de canciones, boleros y baladas de corazones rotos.
 
Ese es el tema del conversatorio que sostendremos en el Club del Bolero este próximo viernes 30 en el Salón Rafael Solano de Casa de Cultura a las 8 de la noche. Les esperamos.