No importa que eso signifique no ver que la naturaleza del capitalismo que padecemos es precisamente corrupta. Capaz de llevar a miles y miles de personas a la guerra y cometer genocidios sobre la base de una mentira y nada pasa.
Hoy, que recordamos los 35 años de la guerra de Vietnam, ¿qué hace Estados Unidos por los millares de vietnamitas que mueren cada año por los centenares de miles de bombas que yacen bajo el suelo sin estallar? Y esa fue otra guerra mentirosa y altamente corrupta.
Hoy el mundo se retuerce con dolores de desempleo y desesperanza gracias a los títulos basura que vendieron en cantidades inimaginables los señores especuladores de Wall Street y no pasa nada.
Peor aún, se drenaron las finanzas públicas con cientos de miles de millones dólares para salvar a los responsables de una estafa de dimensiones planetarias. Los jefes de ese sistema financiero siguen cobrando enormes dividendos, se ríen hasta la muela de atrás mientras en Grecia y España se busca alargar el tiempo de retiro a los trabajadores y facilitar el despido y ya usted sabe el resto y en el mismísimo Estados Unidos los magnates farmacéuticos le doblan el pulso al presidente y tumban una reforma que debía llevarle salud a 47 millones de personas.
Por eso la corrupción seguiremos batiéndola por mucho tiempo. En nuestro caso, comienza con el que no quiere hacer la fila; sigue con el trabajador que cobra y no hace el trabajo; continúa con los que le roban el gas de cocinar a la gente (menos mal que Altagracia está en lo suyo); se alarga con el gran comerciante especulador que paga a los 90 días al pequeño suplidor cuando debía pagarle a los 30; se prolonga con el gran capitalista que hoy se escandaliza “ante la corrupción” sólo porque ahora no le favorece; se extiende con la enorme cantidad de funcionarios y ex funcionarios y oficiales militares y policiales que no podrían justificar las fortunas que ostentan con lo sueldos percibidos, y se eterniza cuando el mandatario reconoce que “la corrupción es endémica” y que sólo se trata de “casos aislados”.
Hoy, gracias al nuevo Código Penal y a los nuevos procedimientos judiciales establecidos recientemente y gracias (hay que decirlo) a la vigilancia de la sociedad civil, hay menos impunidad. Najayo lo confirma.
Pero es mucho el autoritarismo y la opacidad que todavía persisten en la administración de las instituciones y los recursos públicos y mucho lo que se puede hacer para favorecer a personas y procesos de corruptela.
Sólo la sociedad unida y organizada podrá hacer que quienes deben asumir la responsabilidad de superar ese lastre cumplan ese deber.
Preguntado una vez sobre el tema de la corrupción, Bosch reconoció que era un problema del sistema social y económico tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Pero, advertía, “en lo que se resuelve el problema del sistema, ‘bueno es el miedo donde no hay vergüenza’”. ¿Comprende?
Fuente:www.perspectivaciudadana.com