En las últimas semanas, desde varios litorales políticos se han levantado voces que han clamado por una barrida en la Suprema Corte de Justicia.
Es decir, que se realice una renovación total de ese órgano.
Cada quien tendrá sus razones y las respeto.
Pero me parece que, institucionalmente, no sería lo más aconsejable, porque el país merece que los actuales jueces sean evaluados y no simplemente jubilados.
Pienso que algunos de los jueces actuales de la Suprema Corte de Justicia merecen seguir desempeñando esas altas funciones, porque pueden exhibir resultados en su desempeño como jueces.
Y porque pueden seguir aportando al acervo jurisprudencial dominicano.
Lo más fácil es pedir públicamente ¡que se vayan todos los jueces!
Lo difícil, pero institucionalmente provechoso, es evaluar esos magistrados, pedirles cuenta de las decisiones que han tomado, de los votos que han salvado, etc.
Algunos de esos jueces, como muchos otros jueces de Cortes de Apelación que merecen ser nombrados en el alto tribunal y en las otras “altas cortes”, han realizado aportes apreciables a la doctrina jurídica dominicana.
La Justicia es el poder público que mayores cambios ha experimentado desde la reforma que se inició en 1997 bajo la égida de la actual Suprema Corte de Justicia.
Ha sido, si se quiere, el poder que menos resistencia, en su conjunto, ha presentado al cambio, aunque resulte necesario abocarse a una nueva ola de reformas, así como corregir errores y desviaciones.
Con la aprobación de la nueva Constitución y la creación del Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo Electoral y el Consejo Superior del Poder Judicial, las funciones de la Suprema Corte han cambiado.
Lo que el país merece es que los nuevos integrantes de la Suprema Corte y los primeros que se designen en el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo cumplan con el perfil establecido en la Constitución y las respectivas leyes.
Hay que tener en cuenta que la Justicia es cada vez menos un poder y cada vez más una función al servicio de los ciudadanos, el respeto de sus derechos fundamentales y de su dignidad.
Lo cual en modo alguno implica que dejemos de lado la experiencia y la capacidad de algunos magistrados que, a pesar de todo, son un ejemplo de entrega y responsabilidad.
Fuente: www.almomento.net