Y buena parte de los disgustos de la población vienen dados porque se le niega esa participación que, a su vez, no deja florecer la transparencia. La sociedad duda de todo aquello que no ve bien claro. Y tiene razón. Ya está suficientemente escarmentada.
La Barrick Gold y el gobierno han hecho casi todo lo posible por explicar los términos del contrato de explotación del oro de Cotuì, menos una cosa: reunirse con la Sociedad Civil organizada; ésa que a veces escribimos con mayúsculas; que hace y sabe hacer opinión pública; que no se contenta con que se crearán tantos y más cuantos empleos y que se pagará tanto y más cuanto de impuestos y que se compartirán las ganancias de tal o cual manera…; que sabe reclamar sus derechos—porque es de derechos de lo que hablamos—y que maneja usualmente con mucha propiedad la agenda mundial del medio ambiente, los derechos y la justicia; que se hace sentir aunque sea en convocatorias no pretenciosas, pero siempre en busca de respuestas porque no está dispuesta a que se siga en lo mismo de siempre.
Que no es lo mismo reunirse con comunidades pobres y desempleadas en Cotuì y Bonao y ofrecerles empleos, que reunirse con esa Sociedad Civil. Como debieron haberlo hecho hace mucho Barrick Gold, Gobierno y Congreso y hoy, probablemente, no tuviéramos el avispero revuelto.
Gracias sobretodo a Balaguer, el oro de Cotuì sólo sirvió para forrar aún más de millones de dólares a los dueños de la malhadada Rosario Mining o Rosario Dominicana y sus compinches nacionales. No a Cotuì y al pueblo dominicano.
No valieron las denuncias de Bosch y sus exigencias para que una parte de aquel oro fuera a dar al Banco Central (para fortalecer nuestras reservas) y para desarrollar la artesanía dominicana que, con técnicos extranjeros, multiplicaría muchas veces el valor de aquel metal.
Así como el petróleo mexicano no sirvió para curar la pobreza en México, el oro nuestro tampoco, y buena parte se fue a engordar fortunas ajenas dejando al pueblo dominicano el legado fatal de una presa de cianuro que ha convertido y sigue convirtiendo tareas y tareas de tierra en valles de la desolación y la muerte.
Estoy seguro de que la situación de hoy es muy diferente a la de los tiempos de la Rosario y de las denuncias y propuestas de Bosch. Empezando por que sería una irresponsabilidad mayúscula seguir ignorando lo que representa aquella presa de cianuro que nos dejó la Rosario y que envenena tierras y aguas en Cotuì y más allá.
No explotar aquella riqueza también parece insensato. Los términos de la explotación son los que la sociedad exige conocer más allá de comunicados de prensa; los compromisos que asume Barrick y cómo va el gobierno a garantizar que se cumplan; que superaremos el problema de la presa envenenada de Cotuì y que no tendremos más de lo que representó la Rosario.
Es decir, transparencia, participación y justicia. Eso es lo que reclaman importantes sectores de la sociedad dominicana y lo hacen con razón y con derecho, porque los dueños de aquella mina son los dominicanos y las dominicanas, empezando por los cotuisanos, y el Gobierno y el Congreso no son sino los administradores nombrados por el pueblo para administrar sus recursos.
Fuente: www.perspetivaciudadana.com