AYER Y HOY
Las desigualdades sociales siempre han existido, existen y existirán. La Historia habla de gobernantes malos, déspotas y que parece sentir complacencia en masacrar al pueblo y en esos mismos documentos históricos, hallamos por igual voces admonitorias, paladines de la libertad y la justicia que llaman la atención a reyes y emperadores, gobernantes y príncipes.
Y esas voces responsables y autoritarias detienen, aplazan, aminoran actos de barbarie e injusticias.
Cierto-no lo ignoramos- que se corre peligro a veces, hasta de muerte debido a que no todo ser humano y menos si detenta rangos de poder, se le hace fácil aceptar equívocos y más, cuando las adulonerías y loas les hace pensar que son predestinados de los dioses.
Guardando la distancia en el tiempo, en las Escrituras Cristianas se mencionan los nombres de muchos gobernantes que fueron amonestados por hombres de Dios, tenidos como referentes de seriedad, consagrados, honestos y creíbles.
Dejamos por sentado, que esos profetas o videntes como se les llamó en la antigüedad no servían a dos señores, ni tomaban su alimento de dos o más altares.
Entre los llamados libros históricos de la Bíblia hay relatos de la actitud tomada por diferentes profetas ante el desvarío y abuso contra el pueblo de algunos gobernantes.
Los que se tienen como profetas, videntes, pastores y misioneros en nuestros días las más de las veces no saben, la enorme responsabilidad contraída ante Dios y la sociedad de la que asimismo forman parte.
Desde los libros de Samuel, los Reyes, las Crónicas y hasta Amós, son muchos los ejemplos de profetas cumpliendo su papel que han llegado hasta nosotros.
Basta con recordar a Samuel con el rey Saúl, Natán con el rey David, un anónimo profeta que amonesta al rey Jeroboán y rechaza además visitarle en palacio y aceptar regalos… Cabe recordar los ejemplos de Elías y los reyes Acab, Abdías, Ocozías y la reina Jetzabel a quienes amonestó duramente.
Permítannos recordar, que esos profetas vivían solos, apartados en el monte, en cuevas, en los desiertos, pero no eran ajenos, no estaban ciegos a la realidad social del pueblo y sus gobernantes.
Lo mismo puede afirmarse de Daniel y otros, que pudieron ser funcionarios del rey, pero tuvieron muy en cuenta, el papel o responsabilidad que tuvieron en la sociedad y el tiempo que les tocó vivir.
Le toca a usted hacer las comparaciones de lugar con el ayer y el hoy.