AMINETU HAIDAR
Viene a nuestra memoria aquella figura de apariencia débil y de vivir sencillo y rural que representó Gandhi en las luchas por la independencia de la India del dominio inglés. El poder y la fuerza ridiculizados y desmoralizados por la otra fuerza de la moral, la voluntad, la dignidad y el pacifismo como armas políticas.
Aminetu Haidar trae la carga de los abusos contra la población saharaui del rey Mohamed VI. Y ha tomado la defensa de los derechos humanos y la independencia del Sáhara Occidental como razón de vivir.
Más allá de la familia propia.
Despojada de su pasaporte marroquí vive en el aeropuerto de Lanzarote, Islas Canarias, con la esperanza de regresar a Al Aaiún, su tierra.
Naciones Unidas ha sido convocada a la mediación a favor de Aminetu Haidar, mujer madre de dos hijos y divorciada, que reivindica su dignidad ciudadana por encima de cualquier otra consideración.
Los tiempos de los sacrificios políticos y patrióticos parecían haber desaparecido del escenario internacional, en su expresión individual.
Lo relevante de este caso tiene que ver con el empoderamiento de una ciudadana, que en plena conciencia de sus derechos, está llevando la injusticia e indefensión que vive a un plano supranacional y que ha puesto de nuevo la causa saharaui en la agenda internacional. Y fundada en derecho.
En ella se ha violado el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos al impedirle entrar a su país.
Su situación no debe pasar desapercibida en la sociedad dominicana, tan necesitada del desarrollo de una nueva ciudadanía, capaz de contener el influjo avasallante de los gobiernos en contra de sus intereses.
Ciudadanos que recuperen los valores del bien colectivo al precio del sacrificio personal y de la vida frugal. Que den sentido trascendente a sus vidas asumiendo con decisión las causas de los otros. Y todo muy a pesar de la mirada indiferente de aquellos que ven en este acto de Aminetu Haidar una obsolescencia inconcebible en nuestras sociedades individualistas, avocadas al consumo y al buen vivir, como valores supremos.
La grandeza del ejemplo de Gandhi y de Aminetu no descansa en la riqueza o el poder, sino en la fortaleza de sus valores y la trascendencia de sus objetivos nacionales.
Tomemos un poco de estos ejemplos.