La pobreza no es flemón exclusivo de los haitianos, también los dominicanos somos una nación de miserias. Más del 35% de los nuestros malviven en exclusión y pobreza tan inhumanas, como inmorales.

 

La pobreza haitiana, sin embargo, es de espanto. La suya no es solo de hambre, de vestido, techo, educación, salud o seguridad. Es al unísono institucional. Es una sociedad que navega al garete, indefensa y llena de confusiones políticas.

 

La profundidad de los daños ocasionados por el sismo son de tal naturaleza que no yerran quienes hablan de catástrofe humana. Nadie salió ileso. Cada familia un muerto, un herido o la vivienda hecha polvo. Y en medio del polvo más cadáveres. Y llantos de dolor. La muerte enseñoreada.

 

Del lado nuestro, el dominicano, es claro que estamos en presencia de la mayor amenaza a la seguridad nacional. Recordemos la insensibilidad de la comunidad internacional ante la situación haitiana. No olvidemos el grito del presidente Clinton ante el incumplimiento de las naciones ricas que se comprometieron a ayudar y no lo hicieron. Y en gran medida su nueva presencia en Haití encubre la vergüenza de su incumplimiento.

 

República Dominicana, su pueblo entero, su gobierno, su empresariado, sus iglesias, sus partidos políticos y sus barrios se apresuraron desde el momento mismo del temblor por arrimar sus brazos y sus corazones al pueblo haitiano. Nunca antes los sentimientos de  hermandad de nuestro pueblo hacia Haití habían recibido semejante desafío.

 

Demos al pueblo haitiano toda la ayuda que nos sea posible, todo el cariño que reclamaba el crucificado para los que sufren. La oportunidad para sembrar la confianza necesaria entre nuestros pueblos está en curso. Que nadie nos quite la posibilidad actual de plantar entre los sobrevivientes y sus muertos la impronta de nuestro respeto y nuestro cariño por Haití. Que no pasen los cizañeros, enemigos de mejores relaciones binacionales.

 

La alcancía de nuestro pueblo puede tener poca plata, no así de la riqueza superior de la solidaridad humana. Ella no es uno de los cacareados valores perdidos del pueblo dominicano. Las pruebas están al canto.

 

Es el liderazgo nacional responsable el llamado a despertar las esencias, a veces dormidas, del pueblo dominicano.

 

Fuente: www.perspectivaciudadana.com