Reconozco que nunca he salido del país. Al menos, en avión o barco, porque en una ocasión llegamos hasta Juana Méndez, Haiti, en motoconcho luego de cruzar la aduana de Dajabón junto a un grupo de estudiantes y la profesora Lucía Caraballo mientras cursábamos la carrera de Comunicación en la Universidad O&M.
Por tanto, desconocemos los convenios o contratos que existen entre aquellos dueños de restaurantes, bares, kioskos y otros establecimientos comerciales con las autoridades municipales en aquellas ciudades de muchos países donde funcionan en las aceras, y funcionan bien donde el orden, disciplina y limpieza saltan a la vista.
Tampoco sabemos, si esa modalidad de operación en las aceras es permitida a determinados negocios, en determinada zona y bajo qué reglas o condiciones.
El Departamento de Catastro del ayuntamiento local ha anunciado una jornada para desarrabalizar las aceras de nuestras calles en un perímetro determinado.
Correcta la decisión que respaldamos. Estamos de acuerdo en que hay que devolverle los espacios del peatón.
No es correcto ni justo que en aras de la libertad de empresa, de “buscarse el moro” de que “para hacer lo mal hecho me pongo a vender lo que sea, donde sea”
“Si las aceras son del municipio y yo soy del municipio puedo descargar miles de plátanos desde un camión, a la acera frente a la catedral o tal oficina donde acude mucha gente, y poner un punto de venta” Avísenme si es correcto …
Por igual, puedo descargar cientos de mangos, piñas, chinolas, melones en la acera que se me antoje – si es cerca de una esquina o intersección mejor- y poner mi punto de venta…Avísenme si es correcto.
Que alguien me diga – como el bolero aquel – si me pongo o nombro a alguien para que en cualquier acera de cualquiera de nuestras calles, venda discos, perros, gatos, ñames, cerebros, ideas y pensamientos, gomas, velocípedos, bicicletas, corazones nuevos y usados y todo cuanto se me antoje.
Me gustaría saber –por Dios díganme – si alguien que se oponga solo por oponerse, a las medidas dispuestas por el Departamento de Catastro para coordinar la “creación” frente a su casa – en la acera – cuatro bocinas, un potente equipo de sonido, nueve sillas, tres paragüitas…y una fritanga.
Sé que son duras y amargas las disposiciones municipales. Sé que las mismas acarrean muchas malquerencias y maldiciones. Se tratan pues, de disposiciones amargas y con cierto costo socio-político, pero hay que respaldarlas si realmente sin hipocresía deseamos una ciudad medianamente organizada.
Ahora, lo que sí esperamos, es que esas medidas municipales sean aplicadas a todos por igual. No sea, que la balanza se incline para el lado de menos costo social porque debido a las llamadas, el papelito y las tarjetas.