Una de nuestras mayores riquezas: en cada barrio, en cada localidad, es posible encontrar una junta de vecinos, un club de madres, una asociación barrial que procura mejorar las condiciones materiales de existencia del vecindario.
Nuestra gran debilidad: el gobierno nacional y los gobiernos locales no entienden cómo articularse con aquellas organizaciones para apoderarlas y convertirlas en herramientas útiles para el desarrollo. O no les interesa hacerlo, que es peor.
Los programas de salud, de educación, la planificación de la limpieza de los barrios, etc., serían mucho más eficaces con la participación de las organizaciones comunitarias.
Desde esas organizaciones debía construirse sólida la verdadera democracia en nuestro país. Su promoción debía ser tema prioritario de gobiernos nacional y municipales.
Desde luego, sería crear escuelas de gobierno comunitario que irían cortando de raíz los mesianismos, los caudillajes de nuevo cuño, el clientelismo… y eso parece que no interesa mucho.
Sin embargo, de cuánto se pierde el país; cómo se frenaría de golpe y desde abajo la corrupción si construyéramos la auditoría social.
La verticalidad, la ineptitud, los caudillajes y mesianismos de nuevo y viejo cuño conspiran contra el desarrollo de la sociedad e impiden construir democracia verdadera.
Esa es la realidad, y la sociedad dominicana debe prepararse para acabar de una vez con semejante lacra.
Fuente:www.perspectivaciudadana.com