El sistema judicial de nuestro país está en un proceso dilatado de cuestionamientos. Hay un deterioro real de sus estructuras legales y legítimas. Ha comenzado a conocerse la podredumbre que está normando en las sentencias y en el comportamiento de los responsables de administrar justicia. Nos hemos podido percatar en qué medida el Dr. Leonel Fernández permeó de tal manera todas y cada una de las instituciones que como el Poder Judicial lo utilizó como plataforma personal para proteger su impunidad y la de los suyos.
 
Ya hemos visto en el devenir de los meses posteriores al ascenso al Poder del Lic. Danilo Medina cómo los hilos invisibles creados por Leonel Fernández, obstaculiza cualquier tipo de acción judicial que se incoe contra él o sus coriferos.  Igualmente lo pudimos palpar en las aberraciones jurídicas emanadas del Tribunal Superior Electoral (TSE) en los casos del PRD en que ésta  ha intervenido.
 
Todas las altas cortes fueron compuestas tomando en cuenta recomendaciones políticas no de carácter profesional o por su probidad.  Tal es así, que el magistrado Pedro Balbuena, presidente de la Corte de Apelación de Puerto Plata, reconocido en su accionar como un profesional del derecho de una conducta intachable, decente y de una trayectoria docente exquisita, que participó en las entrevistas que realizó el Consejo de la Magistratura, presidido por el Dr. Leonel Fernández, a pesar de un desglose curricular impecable y de una sabiduría poco común en los/as que ejercen en la justicia, fue dejado de lado, por no haber sido políticamente aupado por una de las fuerzas que se disputaron la representatividad en las altas cortes.
 
El magistrado quien tiene estudios de postgrado y es profesor universitario renunció hace unos días a su puesto ante el Consejo del Poder Judicial (CPJ) y su renuncia se suma a la tramitada por el juez de la Tercera Sala de la Corte de Apelación del Distrito Nacional, Manuel Ulises Bonnelly, por entender que la remuneración que perciben no les ofrece la cobertura para poder vivir con honorabilidad y mantener una conducta digna y por tanto decidieron dedicarse al ejercicio profesional que les resulta mejor remunerado.  Previo a estas renuncias y por las mismas razones los magistrados Juan Manuel Guerrero, Erick Hernández de la Corte de Trabajo del Distrito Nacional y Frinette Padilla del Tribunal Contencioso Administrativo, también abandonaron este poder del Estado.
 
La crísis del poder judicial es una realidad que debe ser enfrentada con objetivo manejo de su representatividad.  La renuncia del magistrado Pedro Balbuena abre un debate sobre las razones de cómo la justicia dominicana ha ido perdiendo credibilidad y seguridad frente a la ciudadanía y esa situación permea de una manera traumática la existencia de la administración de justicia en nuestro país.  En la medida que hombres de la categoría del magistrado Pedro Balbuena abandona las filas del Poder Judicial, en esa misma medida se van encareciendo los caminos de la tranquilidad y la paz en toda la ciudadanía.  De ahí que de manera simbólica utilizando una comparatividad alegórica de lo que actualmente se percibe podemos transcribir de manera gráfica lo siguiente: La justicia dominicana se ha constituìdo en un perro rabioso que sólo le muerte los piés a los que andan descalzos.