Este domingo, la República Dominicana se viste de gloria en la conmemoración del Bicentenario del nacimiento del Prócer Juan Pablo Duarte.
Son muchas las actividades que se organizan para la ocasión, donde no faltan las ofrendas florales, discursos, y desfiles.
Discursos, que si usted hace un sencillo ejercicio de preguntar a alguien de los presentes, sobre lo tratado, sencillamente le dirá, que no se acuerda…..
Discursos con pocas excepciones, transcritos, copiados de libros y revistas antiguas, donde se remata con una o dos frases del patriota para conseguir los aplausos.
Hay personas, que hacen bien en no asistir siquiera a esas actividades. Su accionar a su paso por la administración pública ha sido tan cuestionada, que aplaudir cuando se mencione la rectitud y honradez de Duarte, sería un acto teatral más en su larga cuenta de hipocresía.
La celebración del Bicentenario hace elevar el tono de voz a muchos discursantes, y en tono áspero y serio semblante destacan los servicios prestados a la Patria por el insigne fundador y su altísimo espíritu de desprendimiento económico a favor de una nación soberana, cuando muchos de ellos mismos les ha sobrado “valor” para robarse hasta un pedazo del territorio nacional.
Juan Pablo Duarte, le queda demasiado grande a muchos de nuestros políticos, empresarios y militares.
Se le rinde honores a Duarte, al que se le tildó de traidor, por los que la Historia da a conocer como los verdaderos traidores y conspiradores y al que se llegó incluso, hasta a excomulgar.
Los años pasan, como todo lo que existe debajo del sol. Doscientos años después, el pueblo dominicano honra la memoria de uno de sus fundadores, mientras aquellos que fueron sus verdugos, solo son recordados para maldecirles su memoria, precisamente debido a su oscuro accionar a su paso por la administración pública.
Véanse en ese espejo de nuestra historia republicana los que hoy dirigen la nación, y quienes escriben y leen discursos sobre Juan Pablo Duarte.