PUERTO PLATA.- Este 6 de agosto y el próximo día 9 se conmemoran los 68 aniversarios de los bombardeos atómicos sobre las ciudades Hiroshima y Nagasaki, ataques nucleares que fueron ordenados en 1945 por el presidente de los Estados Unidos; Harry Truman, en contra del Imperio de Japón.
 
Estos ataques genocidas efectuaron el 6 y el 9 de agosto de 1945 y pusieron el punto final a la Segunda Guerra Mundial, luego de que el 26 de julio de ese mismo año el presidente Truman lanzó una proclama al pueblo japonés conocida como la Declaración de Potsdam, pidiendo la rendición incondicional del Japón so pena de sufrir una devastadora destrucción aunque sin hacer referencia a la bomba atómica.
 
Según la proclama emitida por el mandatario norteamericano, Japón sería desposeído de sus conquistas y su soberanía quedaría reducida a las islas niponas y además los dirigentes militares del Japón serían procesados y condenados restableciéndose la libertad de expresión, de cultos y de pensamientos, quedando sujeto a pagar indemnizaciones, sus ejércitos serían desmantelados y el país tendría que soportar la ocupación de Los Aliados que eran Francia; Inglaterra, el desaparecido bloque de la URSS y Estados Unidos.
 
Fue ese terrible dia 6 de agosto que despegaba rumbo a Hiroshima la primera formación de aviones bombarderos B-29 y uno de ellos de nombre “Enola Gay”, piloteado por el coronel Paul Tibbets, llevaba la bomba atómica; otros dos aviones lo acompañaban en calidad de observadores por lo que súbitamente apareció sobre el cielo de Hiroshima el resplandor de una luz blanquecina rosada, acompañado de una trepidación monstruosa que fue seguida inmediatamente por un viento abrasador que barría cuanto hallaba a su paso.
 
Por los efectos de esta bomba atómica, las personas quedaban calcinadas por una ola de calor abrazador y miles murieron en el acto, otros yacían retorciéndose en el suelo, clamando en su agonía por el intolerable dolor de sus quemaduras, los que lograron escapar milagrosamente de las quemaduras de la onda expansiva, murieron a los veinte o treinta días como consecuencia de los mortales rayos gamma.
 
Pero el 9 de agosto, otra bomba atómica fue lanzada sobre Nagasaki, y seis días después de esta terrible detonación, Japón anunció el 15 de agosto su rendición incondicional frente a las tropas de Los Aliados, haciéndose formal el 2 de septiembre con la firma del acta de capitulación con la presencia del célebre general McCarthur y de esta manera concluyó la Guerra del Pacífico y por tanto la Segunda Guerra Mundial.
 
Al finalizar la guerra, Japón fue ocupado por fuerzas aliadas lideradas por los Estados Unidos con contribuciones de Australia, la India Británica, el Reino Unido y Nueva Zelanda, además de que adoptó los tres principios no nucleares, lo que prohibía a Japón tener armamento nuclear.
 
Aun con el transcurso del tiempo, muchas generaciones de japoneses han tenido que soportar malformaciones en sus nacimientos por causa de la radiactividad, por lo que se estima que unas cien mil personas murieron en el acto y un número no determinado de víctimas se fue sumando con el paso de los días y de los años por los efectos duraderos de la radiactividad dejada por la bomba atómica.