PUERTO PLATA.- Este 4 de julio se cumple el 31 aniversario del trágico suicidio del entonces presidente Constitucional de la República; Silvestre Antonio Guzmán Fernández, quien en una fecha similar pero del año 1982 se quitó la vida disparándose en la cabeza en un pequeño salón del Palacio Nacional.
 
Este hecho dramático causó un gran trauma en el país, sobre todo por las diferentes versiones que de inmediato circularon en torno a las causas que motivaron que uno de los mandatarios mejor valorados de la nación se suicidara sin revelar los motivos de tan trágica decisión, los cuales a los 30 años de su muerte permanece en un absoluto misterio sepulcral.
 
Entre las versiones más socorridas se señalan que Guzmán estaba agobiado por una gama de problemas de Estado en lo que su gobierno tenía gran responsabilidad, así como por permanentes acusaciones de corrupción que involucraban directamente a su hija Sonia Guzmán de Hernández y a su esposo, José María Hernández, a la sazón Secretario de la Presidencia, por lo que sería sometido a la justicia tan pronto asumiera el poder el presidente electo que le sucedería en la silla de alfileres; doctor Salvador Jorge Blanco.
 
De acuerdo a las crónicas noticiosas previas a ese momento tan lamentable, el día  3 de julio había sido un día muy agitado para el mandatario, el cual realizó más de dos viajes desde y hacia el Palacio Nacional y a la casa veraniega de Juan Dolio, en los cuales estuvo acompañado de Ramón Oscar López, el encargado de la finca “Bobita”, de su propiedad, ubicada en Río San Juan.
 
Tras su último viaje a Juan Dolio, el presidente Guzmán se dirigió a su despacho donde estuvo revisando y organizando algunos documentos, y para sus asistentes y militares era extraño que el mandatario se notara tan solitario y callado.
 
Pocos minutos después de las 8:00 de la noche llamó a su despacho al secretario de las Fuerzas Armadas, general Mario Imbert McGregor, quien en ese momento se encontraba en Constanza, así como al coronel Braulio Álvarez Guzmán, quien, acompañado del coronel asistente policial Pimentel Castro, entró al despacho y cuentan que apenas cruzaron palabras con el presidente Guzmán pero que a todos les resultó sumamente extraño la forma callada y reservada del mandatario.
 
Como el presidente Guzmán no acostumbraba quedarse en Palacio hasta tan tarde, sobre todo días como los sábados en que compartía con su familia, la primera dama Raneé Klang llamó desde la casa presidencial de Juan Dolio para saber las causas de la tardanza, en tanto que su  nuero, José María Hernández, le respondió que aún el mandatario se encontraba en su despacho y que estaban a punto de salir. 

La costumbre para la salida era que sus asistentes militares tocaran el timbre para avisar a la escolta que “la persona” estaba por salir, pero cuando tocaron el timbre de inmediato se escuchó un disparo y a los pocos segundos, el coronel Pimentel anunció que el presidente se había hecho un disparo a la cabeza y de forma textual dijo: “El presidente se pegó un tiro”.
 
Ante esta tragedia, su yerno José María salió a buscar a su esposa Sonia y su suegra Raneé Klang, mientras los militares y Ramón Oscar volaban en la limusina camino al hospital militar de las Fuerzas Armadas, donde finalmente el presidente falleció corriendo la infausta noticia  como reguero pólvora, sumiendo al país en la incertidumbre, en tanto que comenzaron a circular rumores de que a Guzmán lo habían asesinado en un intento de golpe de Estado, lo que se despejó tras la inmediata asunción del vicepresidente; licenciado Jacobo Majluta.

Hombre serio y de decisiones muy firmes
 
Al arribar a los 31 años del suicidio del presidente Guzmán Fernández, el periódico El Caribe publicó que el mismo fue candidateado por el PRD y  ganó las elecciones de 1978 puniendo así fin al gobierno de los terribles 12 años del presidente Joaquín Balaguer y del entonces Partido Reformista.
 
Guzmán se distinguió como agrónomo, empresario y como un gran líder del partido blanco, ocupó la Secretaría de Agricultura durante el gobierno del profesor Juan Bosch, asimismo por su firmeza frente al poder de los militares y policías adeptos a Balaguer, fue bautizado por el pueblo como “Mano de Piedra Guzmán”.
 
Lamentablemente Guzmán se suicidó cuando faltaban 41 días para completar su mandato y entregar el poder al también perredeísta Salvador Jorge Blanco, mientras que su vicepresidente Jacobo Majluta gobernó durante 40 días y entregó el poder a Jorge Blanco.