Estos enfrentaron por varias horas a tropas mixtas del Ejército Nacional, Fuerza Aérea y la Policía Nacional después de ser descubiertos y rodeados en una de las cuevas localizada en la autopista Las Américas en Santo Domingo Este.
El grupo tenía por estrategia derrocar por vía de las armas al gobierno del Presidente Joaquín Balaguer, quien encabezó los llamados gobiernos de los doce años.
En este combate cayeron peleando los valerosos jóvenes Amaury Germán Aristy, Bienvenido Leal Prandy, La Chuta; Ulises Cerón Polanco y Virgilio Perdomo Pérez.
Estos cuatro hombres portadores de reales visiones de futuro les entregaban involuntariamente sus existencias físicas a la nación dominicana y demostraron ese día que cuando la causa que se defiende es justa, lleva impresa la defensa de las libertades, la justicia social y la defensa de la soberanía, nunca importa el número de armas que se tenga en las manos para defender ideales, sino el número de estrellas en la frente.
Ese fatídico 12 de enero la población dominicana fue despertada por una triste, pero esperada noticia: “un grupo de miembros de los Comandos Revolucionarios de la Resistencia habían sido rodeados en una cueva localizada en el kilómetro catorce de la Avenida Las América”.
Esta ubicación fue conocida por las autoridades del gobierno balaguerista cuando un contacto llevaba algunos objetos y avituallamientos.
De inmediato, los servicios de inteligencia militar del gobierno balaguerista se movilizaron a este lugar y enfrentaron a estos jóvenes que cayeron peleando luego de catorce horas de fieros combates.
Los primeros en morir fueron La Chuta y Cerón Polanco luego que intentaran salir de dicha salen de cueva para recoger unos pertrechos militares.
De inmediato, se desarrolla un combate infernal entre miles de agentes policiales, miembros de los diferentes cuerpos militares del país, asesorados por el Grupo de Asistencia Militar de la Embajada Norteamericana en el País, MAAG.
Para exterminar estos fieros jóvenes revolucionarios no solamente se utilizaron unos diez mil efectivos policiales y militares, sino tanques de guerra, morteros, bazookas, fragatas, helicópteros e incluso dos aviones militares norteamericanos llegados desde Puerto Rico con visión infrarroja para poder ubicar a los atrincherados en dicha cueva.
El último en morir fue Germán Aristy y solo pudo caer cuando su fusil hizo silencio por la falta de proyectiles.