Personas de diferentes edades y sexos se han convertido de la “noche a la mañana en mendigos mendaces”.
Esta situación ha creado gran preocupación entre las familias puertoplateñas, las cuales se ven asediadas constantemente por grupos de pedigüeños, entre ellos, dominicanos y haitianos.
Hasta ahora es notoria la abultada presencia en distintos sectores de este municipio de mendigos, pedigüeños y niños haitianos, los cuales copan calles, avenidas, parques y otros lugares públicos para asediar a las personas, solicitándoles algunas dadivas económicas.
Esta grotesca realidad se puede apreciar en el entorno de los semáforos que están ubicados en las intersecciones de las avenidas Manuel Aurelio (Manolo) Tavárez Justo con José Eugenio Khunhart (frente al hospital doctor Ricardo Limardo), en la mayor general “Antonio Imbert Barreras” con José Eugenio Khunhart y en la entrada al sector Padre las Casas de esta ciudad.
Otros pedigüeños, con frecuencia molestan a los turistas que visitan la Plaza Independencia y otros puntos de interés histórico de esta ciudad, lo que obliga a los agentes de la Policìa Turística (POLITUR) a tener que perseguirlos para que dejen transitar libremente a los visitantes extranjeros.
Incluso, se ha dado el caso, que algunos de estos pedigüeños se tornan agresivos cuando algún turista o residente en este pueblo le niega alguna moneda.
Tal fue el caso de un hombre que postrado en una silla de ruedas se desplaza por la calle Pedro Clisante con la esquina de la avenida José Eugenio Kunhardt, próximo al liceo José Dubocq de esta ciudad, el cual obstaculizó por un gran momento el tránsito, creando un gran taponamiento, porque se varó en medio de la vía para exigir de los conductores que “se cantearan con algunas monedas, ya que de contrario nadie me hará mover de este lugar e incluso quienes los ignoraban los maldecía con palabras impublicables y soeces”.
Este humano con apariencia física de un nacional haitiano, presenta espeluznantes heridas en el cráneo, el torso y sus piernas, las cuales exhibe como forma de sensibilizar a los transeúntes a fin de que les regalen algunas monedas, pero muchas veces estos, acuden a voltear sus caras horrorizados por estas acciones de mal gusto.