Asimismo, se nota que no existe ornato, mientras los montones de basura se conjugan con los charcos de aguas negras malolientes que el visitante observa y aspira una vez llega a dicho mercado.

 

Una gran cantidad casetas destartaladas, donde se expenden productos alimenticios a expensas de  bacterias y microbios, dan la “calurosa bienvenida a visitantes, nacionales y extranjeros”.

 

Ante esta triste realidad  los ciudadanos que acuden con frecuencia al mercado municipal, abogan porque las autoridades edilicias, entre ellos, el síndico Walter Musa Meyreles, ordene higienizar esta plaza comercial donde los puertoplateños acuden a diario a comprar productos cárnicos, agrícolas y de la canasta familiar.

 

Dijeron que la falta de higiene en que se expenden los alimentos, carnes, frutas, víveres y vegetales, en nada beneficia la salud de las personas que consumen los mismos.

 

Productos comestibles, entre ellos, plátanos, guineos, batatas, yucas, yautías, naranjas, guandules, se vendan en este mercado municipal, amontonados, a la intemperie y en pleno suelo e incluso cerca de los contenes por donde corren aguas residuales y malolientes.

 

Cada día que pasa son muchas las voces que en Puerto Plata claman porque las autoridades reordenen la principal plaza comercial de esta ciudad turística, ya que a su juicio,  “es hora de que sea movida a otro lugar con más espacioso y donde se tome en cuenta las normas de higiene”.

 

Manifestaron que en la administración de Juan Antonio (Cabullita) Grullón, en dicho mercado imperó la higiene, la limpieza y el aseo de este lugar público, pero que en la actualidad estas condiciones no son las mejores, porque el panorama que presenta, “nos avergüenza a todos”.

 

En este mercado público también se puede observar decenas de perros realengos que pululan por ese lugar, lo que representa un peligro para las personas que acuden a comprar productos agrícolas y comestibles, por los brotes de rabia canina que se registran en la República Dominicana.

 

Además, allí operan comercios sin contar con los permisos (patentes) exigidas por la Secretaria de  Estado de Industria y Comercio, lo que pone en peligro la salud de la población, porque le productos alimenticios muchas veces con su fecha de consumo vencidas.