Las conclusiones del diálogo nacional interministerial sobre cambio
climático organizado por Medio Ambiente y el Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo (PNUD), han sido enfáticas al afirmar que el turismo de
República Dominicana es insostenible.



El desenlace del evento era predecible. Han dicho que la falta de
diversificación, la irresponsabilidad de los desarrolladores de proyectos,
el afán de lucro de los empresarios del sector, la cultura de explotación y
mal manejo de los recursos son las razones fundamentales.



En el dialogo se debatió profundamente el tema del modelo inmobiliario que
es a lo que me quiero referir en este momento porque, al parecer, después
del todo incluido, el sector se han quedado sin ideas mientras  el gobierno
se ha desentendido al no controlar y sistematizar el cambio operado en el
modelo de hacer negocios. Los resultados para la economía tanto a mediano
así como a largo plazo podrían ser discutibles.



Convertir en apartamentos residenciales las instalaciones hoteleras trae
innúmeras consecuencias,  desde la pérdida de empleos directos e indirectos
hasta desequilibrar la sinergia que crea el flujo constante de turistas
hacia una comunidad.



Los beneficios del modelo inmobiliario tantas veces aclamado y defendido por
los sectores interesados reducen de manera directa la capacidad de las
comunidades para subsistir.   Innegablemente que tiene sus ventajas, algunas
de ellas serian, por ejemplo, la contratación de personal de limpieza, el
consumo de alimentos, agua, energía.  A corto plazo impulsan la economía de
la construcción con la generación de trabajo para ingenieros, arquitectos,
decoradores, plomeros, electricistas, ebanistas, carpinteros y obreros.



El diálogo nacional interministerial sobre cambio climático llama a este
modelo de negocios "sesgo de corto plazo en desmedro del sistema hotelero".




Ciertamente las bondades del turismo inmobiliario a corto plazo son
considerables, habría que ponderarlas a largo plazo. Vaya a Cabarete y vea
en lo que ha convertido a esa comunidad ese modelo de negocios.   El Estado
dominicano debe convertirse en guardián de una realidad que nos está
arropando, que está haciendo ricos, de manera casi inmediata, a unos pocos,
mientras el turismo de masas disminuye considerablemente con sus nefastas
consecuencias para las comunidades.



La coexistencia de ambos modelos sería lo ideal.