De inmediato, la presencia de estas ballenas, despertó la curiosidad de visitantes nacionales y extranjeros que disfrutaban de un baño en la playa de Cabarete.
“Fue un gran espectáculo natural que improvisaron en las aguas del Atlántico unas cincuenta ballenas jorobadas”, dijeron bañistas que conversaron con redactores del periódico puertoplatadigital.com.
Estos cetáceos pasaron en una sola fila a pocas millas de la playa de Cabarete, según dijo Nelson Junior Almonte, quien se encontraba en esos momentos practicando el deporte del Surfing próximo por donde apareció de pronto el grupo de ballenas jorobadas.
Estos mamíferos marinos acostumbran pasar por el litoral del Atlántico en los meses enero-marzo, por lo que ha resultado extraño avistarlos a pocas millas de la playa de Cabarete en esta época del año.
Entendidos en la materia, como el caso de Almonte, dijeron que dichos animales casi siempre frecuentan la Costa Norte para ser observados desde afuera, pero que hasta ahora se habían avistado en cardumen, porque saben pasar en unidades de cincuenta, ya que nadan en fila india de forma juguetona y asomando sus aletas con la superficie del agua.
Decenas de curiosos se apersonaron a la playa de Cabarete para observar el desplazamiento de estos cetáceos, los cuales nadaban aproximadamente a unos 600 metros de la costa, lo que constituyo una gran atracción para los turistas que vacacionan en los hoteles de la zona Norte.
Estas especies marinas son populares en determinadas épocas del año, lo que permite verlas merodear la bahía de Samaná, ya que muestran comportamientos amigables que cautivan a las personas.
Como otros cetáceos, las ballenas madres protectoras de sus cachorros e intentan colocarse entre el ballenato macho y la posible presencia de personas en embarcaciones.
Los operadores turísticos deben seguir un código de conducta para evitar agobiar inútilmente a estos cetáceos que acuden en el verano al litoral del Atlántico para alimentarse del plancton que solamente se produce en la bahía de San Lorenzo, Samaná, porque sobreviven de sus reservas de grasa durante todo el invierno.