Incluso, los “hueles cemento”, en su gran mayoría son menores haitianos, los cuales han sido traídos a Sosúa para que molesten a los turistas, solicitándoles cualquier tipo de dádivas (monedas).


Esta situación social genera preocupación en amplio segmento de esta población turística, por la gran cantidad de niños y adolescentes haitianos que se dedican a inhalar cemento con la finalidad de drogarse.


Estos menores llamados “palomos”, constituyen un grave peligro para los turistas que circulan por las distintas calles de Sosúa.


Constantemente éstos palomos haitianos se enfrentan en violentas peleas, a golpes, puñetazos y botellazos, por el control de los puntos por donde frecuentan los visitantes extranjeros, a los cuales abordan con frecuencia para que les regalen algunas monedas.


Estos adolescentes mayormente se observan en grupo en la calle Pedro Clisante, llevando a cabo camorras por pequeñeces que aunque pueden ser tipificadas como algo simple, están dando una mala imagen ante los visitantes extranjeros (turistas).


Observadores de esta situación han opinado que las autoridades de la Policìa Turística (POLITUR) y del Tribunal de Niños, Niñas y Adolescentes, deben actuar en consecuencia, para evitar que estos niños haitianos sigan ofreciendo el feo espectáculo de inhalar en cualquier esquina cemento por sus fosas nasales.


Estos niños extranjeros,  han sido abandonados por sus familiares, hasta el punto de que duermen en calles y en la playa de Sosúa.


Mientras tanto, los palomos haitianos sobreviven hostigando a los extranjeros, los cuales abordan para pedirles algunas monedas para comer y a la vez saciar su adicción a la exhalación del cemento que los mantiene drogados.