En estos bateyes se observa destrucción de los techos, las paredes y los pisos, sin que por ahora exista la posibilidad de que el Concejo Estatal del Azúcar (CEA), organismo oficial que maneja los cerrados ingenios del gobierno, disponga de su reparación en el menor tiempo posible.


Además, las familias haitianas y dominicanas que “mal viven” en los ranchones rustico que hace más de 50 años se construyeron para alojar a los braceros que se contrataban en Haití para el corte de la caña, carecen de energía eléctrica, agua potable y otros servicios elementales propios de los seres humanos.


En los años en que operó el ingenio Amistad, los nacionales haitianos disfrutaban de mejores condiciones de vida, porque las diferentes administraciones de esta empresa les proporcionaban las facilidades correspondientes.


Los niños haitianos que conviven en estado de hacinamiento junto a sus padres en estos barrancones, no asisten a las escuelas, lo que contribuye al aumento del analfabetismo en la zona de Imbert, mientras que en materia de salud pública dichos infantes han sido olvidados a sus suertes.