Es dulce y sabe a corazón, porque donde manda el corazón, no manda nadie más. Eso quedó demostrado con el desempeño de todos los jugadores de los Tiburones.

 

Es dulce y sabe a corazón, porque solo con el corazón se le ganaba a un equipo que está mejor administrado y que económicamente estuvo mejor sustentado.

 

Es dulce y sabe a corazón, por que por un momento los santiagueros se creyeron que por el hecho de ser más organizados y por el prestigio bien ganado, que tienen en el baloncesto nacional, merecían la victoria.

 

Es dulce y sabe a corazón, porque ya habíamos enfrentado varias veces a los Metros de Santiago en partidos decisivos en la antigua Liga Dominicana de Baloncesto (LIDOBA), pero con resultados adversos para Puerto Plata.

 

Es dulce y sabe a corazón, porque en todo momento pensaron que en el quinto partido regresarían de atrás como lo hicieron en el primero de la serie final del circuito Norte de la LNB.

 

Es dulce y sabe a corazón, porque solo con corazon se gana, pero en contra de todo pronóstico y en la casa del contrario.

 

Es dulce y sabe a corazón, porque quedó demostrado en los dos últimos choques, que no fue que Víctor Liz, paró a Kervin (Pollito) Peña, como sucedió en los primeros encuentros de esta serie final, sino que el equipo de Santiaguero solo jugó 23 y el nuestro entre 38 y 39 minutos, el cual siempre tuvo sus jugadores con las piernas más fresca. 

 

Es dulce y sabe a corazón, porque solo con corazón se pudo superar todas las adversidades internas que  han librado los Tiburones en este torneo de la LNB.

 

Es dulce y sabe a corazón, porque el corazón tiene razones que la razón ignora.

Es dulce y sabe a corazón, porque solo un equipo con corazón pude ganar sin la contribución del total de sus refuerzos (Falcone-Villegas).

 

Es dulce y sabe a corazón, porque solo un equipo con un corazón tan grande puede contagiar a jugadores recién llegados como Corey Nelson, quienes también entregaron su corazón por esta causa.

 

Es dulce y sabe a corazón, porque solo con corazón se puede hacer que a un dirigente nuestro, “se arrebate un anillo al señor de los anillos”.

 

Es dulce y sabe a corazón, porque solo con corazón se puede ganar dos partidos seguidos sin un principal  jugador alto en cancha.

 

Es dulce y sabe a corazón, porque solo con corazón se puede llamar la atención de empresarios y políticos que comienzan a interesarse por el equipo Tiburones de Puerto Plata.

 

Es dulce y sabe a corazón, porque a pesar de los pesares, el corazón se impuso a la razón.

 

Es dulce y sabe a corazón, porque gracias a PapáDios que bendijo la Novia del Atlántico al permitir que en ella nacieran jugadores que tenemos en este equipo.

 

Es dulce y sabe a corazón, porque gracias a los jugadores de los Tiburones y el esfuerzo de sus directivos el pueblo de Puerto Plata ha recibido una lección, dejar a un lado las diferencias e indiferencias, intereses y los egos. Esto nos enseña que cuando se usa el corazón, las victorias tienen un dulce sabor. 

 

Colaboración de: Winston Cid