Oposición sin ombligo

Ultima Actualización: domingo, 03 de marzo de 2024. Por: Angel Artiles Diaz


Los partidos de la oposición no lograron adoptar estrategias de competencia coherentes, ni armonizar un discurso alternativo que les permitiera resurgir de las cenizas del descrédito, y se van diluyendo con el paso irremisible del tiempo, en un ejercicio estéril de autoflagelación que los disminuye en cantidad y calidad. 

La oposición política dominicana no sabe cómo lograr el necesario proceso de transformación que tanto necesita su estructura interna, no tiene ninguna estrategia que le permita convertir la indiferencia del voto en mayoría. No lo sabe, ni le interesa saberlo, porque se desgasta internamente construyendo pirámides para sus ridículos faraones, sin discurso, sin estrategias mercadológicas y, no está demás decir que, sin el necesario sustento ideológico.

Para la mal trecha oposición dominicana, la derrota no significa la necesidad de cambios en el rumbo, porque carece de la suficiente fortaleza para unificar criterios y hacer el necesario ‘mea culpa’.

Encenegada en la estigia de la soberbia, la oposición política dominicana insiste en mostrar públicamente su pesado fardo de altivez, altanería, arrogancia, jactancia, petulancia, megalomanía, inmodestia, ventolera, pedantería, pompa, orgullo, arrogancia, impertinencia y se obstina en infectar el ambiente con el tufo maloliente de su engreimiento.

Esta abundante adjetivación es necesaria para establecer los motivos psico-sociales que mejor describen a la oposición política dominicana, que por esas falencias (contenida en cada uno de esos agnombres o calificativos) ha perdido la capacidad de captar mayorías electorales; porque esta borracha de petulancia, porque está coloca de espaldas a la investigación científica que el neuromarketing y la ciencia política ponen a su disposición. 

La sensatez nacional esperaba que este zarandeo de derrota electoral padecido por el PLD y la FUPU, en el torneo de febrero por las municipalidades, produjera, aunque fuere, un formularito ‘FODA’ para repartirlo en una reunión de la rancia dirigencia tullida de esas parcelas partidarias.

La respuesta ha sido totalmente diferente a lo que aconseja la prudencia política. Ni siquiera un gesto de humildad, de comedimiento, de sobriedad, de sencillez y de inteligencia emocional, para luchar por la conservación de un espacio digno en el terreno de las emotivas preferencias electorales.

Esas dos agrupaciones perdieron la capacidad de autotransformación para legitimarse en el sistema de partidos, no han optado por la necesaria estimulación de la capacidad de readecuación ante la adversidad y se les ve por ahí esgrimiendo el precio de una mano de plátano y una libra de arroz, buscando recuperar inútilmente, los canales de representación perdidos el 18 de febrero, tratando de ilegitimar los resultados desfavorables, acusando al partido ganador de inducir la abstención. Entiéndase: ‘buscando la paja en el ojo ajeno e ignorando los veinte años de latrocinio y corrupción que abanderaron sus administraciones.

La abstención no es un fenómeno nuevo, lo novedoso en ella son las causas que la motivan en esta circunstancia histórica. El objeto de estudio de la ausencia de votantes debe girar en torno al concepto   "oposición": quiénes la representan y cómo está estructurada y, sobre esa dimensión de análisis, las fuerzas políticas derrotadas en el juego democrático-institucional del sistema deben ejercitarse en una rutina de razonamientos dialécticos que conduzca a su renovación   procurando colocarse en el lugar que le corresponda en el juego de la alternancia democrática.