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El azar de la historia, la emoción y el triunfo de Donald Trumph-XIX

Ultima Actualización: sábado, 24 de diciembre de 2016. Por: Angel Artiles Diaz

“…cuando se encuentra formando parte de las masas, el hombre individual se convierte en otra persona, en una "célula" cuyo comportamiento deja de ser autónomo".

“…cuando se encuentra formando parte de las masas, el hombre individual se convierte en otra persona, en una "célula" cuyo comportamiento deja de ser autónomo, y se subordina más o menos plenamente al grupo (permanente o pasajero) en el cual él es un simple componente.” Gustave Le Bon

 

Muchos líderes de sectas religiosas apelan a la sugestionabilidad para provocar en sus feligreses un sentimiento de omnipotencia capaz de crear en el “creyente” la idea de que nada es imposible. Por eso, en los jolgorios de “sanación” se ve al cojo soltar el bastón y al enfermo decir que está curado y al pecador sentirse santo. Por la sugestión.

 

"Comulgando en público terminé con la guerra de la Vendée; haciéndome pasar por musulmán me establecí en Egipto; con dos o tres declaraciones papistas me ganaré a todos los curas de Italia".  Napoleón Bonaparte.

 

Drew Westen, George Lakoff,  Frank Luntz y Michael Tomasky, en el 2007, pavimentaron el camino de la de la discusión para llegar a la comprensión, de que la percepción conclusiva del votante en afinidad con el discurso político es tan o más importante que el contenido de los programas de gobierno o las propuestas electorales. Es decir, que la  recepción es el centro de la diana adonde debe ir la flecha, es la vocal que exige la tilde; que no importa lo que diga el emisor político (el discurso) sino, a quien se lo dice (el receptor), esto impone un enfoque diferente para las nuevas inferencias y un esfuerzo más técnico para los nuevos retos mercadológicos.

 

“Regularmente, el líder  no tiene que ser  un gran pensador, sino una persona de acción constante.“ Esa conclusión de Drew Westen y del grupo de neurólogos que le acompañaron  en el año 2004 -en plena campaña presidencial estadounidense- proviene de un estudio realizado a los procesos cerebrales de militantes partidistas cuando procesan nueva información política, potencialmente incómoda. 

 

El propósito del experimento consistía en retar a un no-militante a razonar para llegar  a  una conclusión lógica, y a un militante a enfrentar la conclusión razonada por el no-militante,  con su fervor partidista. Con este estudio se trató de estimular una disonancia entre evidencia y emoción.

 

La hipótesis de los investigadores  consistía en que: “…si datos y deseos chocan, el cerebro político buscaría “razonar” hacia la conclusión deseada, no hacia la conclusión lógica. Demostrando que: “…cuando un militante se enfrenta a información política discordante (como francas inconsistencias entre dos discursos de un mismo candidato, o entre lo que dice y hace) trata de obtener conclusiones predeterminadas y emocionales por naturaleza y que en el proceso le da mayor peso a la evidencia confirmatoria y desdeña la contradictoria”. Drew Westen

 

El estudio reveló que el militante actúa así, porque: “…su cerebro activa una red neuronal que le produce estrés y reacciona disipando esa incomodidad a través, inclusive, de razonamientos incorrectos”. En este sentido, Westen llegó a dos conclusiones:

 

Primera, que los candidatos de los partidos grandes, cuando están en campaña, no deberían preocuparse por atraer a los militantes de otros partidos, y concentrase en persuadir   al 10% o 20% de los electores del centro llamados cambiantes, indecisos, silentes  (o swichters) los que sumados al voto duro de su partido, (alrededor de 30%), podrían darle la victoria.

 

Segunda, que el cerebro político es un cerebro emocional; que no estamos ante una máquina de cálculo desapasionado que busca objetivamente los hechos y las cifras adecuados para tomar una decisión razonada.