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Déficit fiscal, deuda pública y corrupción administrativa

Ultima Actualización: jueves, 17 de diciembre de 2020. Por: Artículo Invitado

nuestra alarma con relación al nivel de la deuda pública total continuó con los gobiernos de Leonel Fernández, pues este se encargó de incrementarla en 12,878 millones en ocho años, creciendo anualmente, en promedio, un 15,2%, y colocándola en un 32,0% con relación al PIB.

Por: Franklin Vasquez.

Durante años habíamos venido alertando sobre el tamaño de la deuda pública dominicana, el alto porcentaje que representaba esta con relación al producto interno bruto y las consecuencias que, hacia futuro, esto podría tener para la economía dominicana. Desde el año 2004 nos preocupaba que la deuda total representara, en ese entonces, el 28,4% del PIB y que había aumentado unos 3,341 millones de dólares durante los cuatro años del gobierno de Hipólito Mejía, con una tasa de expansión, promedio anual, de un 19,5%.

Pero nuestra alarma con relación al nivel de la deuda pública total continuó con los gobiernos de Leonel Fernández, pues este se encargó de incrementarla en 12,878 millones en ocho años, creciendo anualmente, en promedio, un 15,2%, y colocándola en un 32,0% con relación al PIB. A la entrega del traspaso de mando del presidente Fernández a Danilo Medina, la deuda total estaba cercana a los 19,000 millones, relativamente elevada pero aun no causaba pánico alguno.

Al momento del ascenso al poder del presidente Medina, se nos dijo que el déficit fiscal era de 6,56% del producto interno bruto, con un valor total de 125,146 millones de pesos, por lo que una de las alternativas era continuar endeudando al país pues, también nos decían, que aún había espacio para más endeudamiento, y que las necesidades de la población no podían esperar. En ese punto, nuestra angustia por el tamaño de la deuda siguió incrementándose pues ya el escenario se iba complicando, sobre todo por el monto que representaban los intereses y el capital con relación a los ingresos tributarios.

Pero ya las cosas estaban pasando de claro a oscuro en lo concerniente a la deuda, y se recalcaba que el problema era el déficit que no daba tregua, y que la deuda social con los pobres tampoco se podía obviar. La fiesta de los préstamos siguió su agitado curso, al tiempo que se realizaban emisiones de bonos soberanos en los mercados internacionales, y estábamos felices cuando nos enterábamos que estos bonos habían tenido una buena acogida de parte de inversionistas privados. Así, la deuda del sector público no financiero alcanzó un valor total cercano a los 38,000 millones de dólares, expandiéndose en ochos en casi 18,000 millones de dólares, alcanzando un 46% del PIB dominicano, estimado sin tomar en consideración la deuda del Banco Central.

Vino el covid-19 y las cosas se complicaron. Pero Dios no abandona a sus hijos y les dio un nuevo gobierno al pueblo dominicano. A su salida, Medina deja un déficit fiscal estimado de un 9,0%, lo cual ha obligado a las autoridades entrantes a recurrir a nuevos préstamos y a nuevas colocaciones de bonos en los mercados internacionales. Pero también deja la verdadera explicación de los déficits acumulados y del endeudamiento como respuesta, que no es otra que la gran cantidad de recursos que se fueron a manos y bolsillos privados, los montos que fueron a parar, según el Ministerio Público y las investigaciones periodísticas, a las arcas de la familia del Presidente saliente y también a la familia de su consorte.

Ahora ya sabemos que el problema no es el déficit ni la deuda, sino que el pecado original está en lo mucho que le han robado históricamente al pueblo dominicano.