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Usted no es más que una MIERDA aquí

Ultima Actualización: lunes, 19 de octubre de 2020. Por: Esther Gómez

Por: Esther Gómez

Con apenas dos semanas de haber empezado en ese hotel.  Me tocó irme todo un fin de semana a una feria en Santiago.  Al llegar a la propiedad no encontré parqueo, pero el transporte que me llevaría a Santiago me esperaba. Parquee el carro en un lugar donde empleadas como yo no estaban autorizadas, le dejé la llave a un maletero para cuando se desocupara otro lugar lo moviera. 

 

Al llegar el domingo en la noche, el carro estaba en el mismo lugar. Conociendo a uno de los jefes sabía que habría algún problema con él. El maletero me dice que tranquila, que no hubo que moverlo porque nadie necesitó usar el espacio. 

 

El lunes en la oficina, la primera llamada que recibo es la del jefe con fama de monstruo. Al presentarme ante él…, me pregunta quién me autorizó a parquearme en ese lugar. No me dejó explicarle.  Subió a 10 el volumen para decirme que yo era una atrevida. Que llegué con aires de ejecutiva parqueándome donde me daba la gana. -Usted no es más que una MIERDA aquí!!!

 

Se me calentaron las orejas y al momento de abrir la boca para responderle, pensé; Esther, si tú le respondes a este hombre como quieres, te van a despedir. Con qué vas a pagar la casa, comida, el préstamo del carro, ¿la medicina de doña Juana, la universidad, la luz?

 

Desconecté la mente y no escuché más nada de lo que dijo. Hasta que él, de repente expresó; ¿esta sorda? ¿No le dije que ya se puede ir? 

 

Con esta historia no te digo que aguantes humillaciones por necesidad, que te dejes pisotear. Mi actitud quizás no fue la correcta en ese momento, quizás debí ponerlo en su sitio, arriesgarme a que me despidieran. De haber vivido con mis padres y tener mi comida garantizada la historia habría sido diferente. Quizás a la semana siguiente habría conseguido un empleo. Pero era un riesgo que no podía tomar porque otro ser humano, es decir, mi madre, dependía de mí. 

 

Todo después mejoró y fue uno de los mejores lugares donde trabajé. 

 

Con esto te quiero decir que: 

 

Cada trabajo tiene su piedra en el zapato, el “yo no le aguanto vaina a nadie”, dependerá de las circunstancias. Cuando te dicen no le aguanten vainas a nadie, evalúa tu propia realidad. No es lo mismo cuando se trabaja para comer y darle de comer a otro.