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Los libros de Mamá.

Ultima Actualización: viernes, 06 de octubre de 2017. Por: Luis H. Canela

La escala del presupuesto es una jerarquía de envidias perfectamente graduadas por las cifras de las prebendas.

Como está la tecnología, he optado por tener un libro en la sala de la casa para que los pequeños pregunten qué es. El menor de vez en cuanto lo toca, lo mira, lo voltea; en ocasiones debo quitárselo porque le maltrata las hojas. Es solamente un libro, cuyo significado tiene para mí el de cien bibliotecas. 

No sucedía igual en la casa de mi madre que, como era maestra, tenía espacios repletos de libros de todo tipo, Las Venas Abiertas de América Latina, Mis quinientos locos, El viejo y el mar, La hora 25, Cien años de soledad, María –ay!! María--, por solo mencionar algunos.  

De algunos que leí, muchos pasaron sin saber que pasaron. De otros, conservo vetustos vestigios de uno u otro párrafo, de una u otra frase o pasaje.

El hombre mediocre de José Ingenieros se clavó como estaca en mi corazón. Nunca lo he olvidado. La foto que ilustra este escrito es del original, el mío, el de siempre, el orientador, la biblia; mi todo.

De ese, quiero sacar algunos párrafos para colocarlos a continuación, siempre con el permiso y la deferencia de los lectores. Son de la página 120 y expresan lo siguiente: Toda culminación es envidia. En la mujer, la belleza. El talento y la fortuna en el hombre. En ambos la fama y gloria, cualquiera que sea su forma. La envida femenina suele ser afiligranada y perversa; la mujer da su arañazo con una uña afilada y lustrosa, muerde con dientecillos orificados, estruja con dedos pálidos y finos. La que ha nacido bella –y la Belleza para ser completa requiere, entre otros dones, la gracia, la pasión y la inteligencia--, tiene asegurado el culto de la envidia.

Y sigue diciendo en un párrafo más abajo: El hombre vulgar envidia las fortunas y las posiciones burocráticas. Cree que ser adinerado y funcionario es el supremo ideal de los demás, partiendo de lo que es suyo. El dinero permite al mediocre satisfacer sus vanidades más inmediatas. De ahí que el proletario envidie al burgués, sin renunciar a substituirlo; por eso mismo la escala del presupuesto es una jerarquía de envidias perfectamente graduadas por las cifras de las prebendas.

Son verdades lapidarias y, siendo así, cualquier cosa que yo escriba en esta parte va a sobrar, así que hasta el próximo.