Canela Tavarez Abogados

Primero la gente

Ultima Actualización: domingo, 01 de diciembre de 2019. Por: Luis Henriquez Canela

Una simple diligencia, por ejemplo, la de ir a la Cámara de Comercio y Producción de Puerto Plata, produce un dolor de cabeza. A propósito, ¿en qué habrá quedado la construcción del local en la calle Club de Leones?

En otras ocasiones me he referido a que el edificio donde se encontraba el palacio de justicia, calle Separación esquina Beller, había (o hay) que convertirlo en un parqueo de varios niveles, un parqueo público en el que por una módica suma, se puedan estacionar los vehículos de las personas que van a consumir y a realizar diligencias en el casco histórico de Puerto Plata.  

Usted puede enarbolar la justificación que quiera con relación al parqueo frente a la Comandancia del Puerto, pero hay que ver la viabilidad de esa construcción, la facilidad para el usuario. Supóngase usted que va a realizar cualquier diligencia en impuestos, en pasaportes, en el ayuntamiento o a sentarse en un restaurant del centro histórico, deberá subir la calle Beller caminando con un sol abrasador y una temperatura inaguantable. No estamos en Europa donde las temperaturas permiten largas caminatas. El parqueo puede ser factible para el turismo, porque hay suficiente espacio para esos grandes autobuses, pero para las diligencias diarias, a pleno sol, no le veo la viabilidad.

Durante la noche, si usted viene desde Santiago con su acompañante a sentarse en un bar, deja el vehículo en la comandancia a las 9, cuando sale a las 2 de la madrugada, ¿se atrevería usted a caminar hacia allá? El Centro Histórico está  bellísimo, el comercio  se está fortaleciendo, se han hecho construcciones de una vistosidad exquisita, pero no hay donde dejar el vehículo.

Una simple diligencia, por ejemplo, la de ir a la Cámara de Comercio y Producción de Puerto Plata, produce un dolor de cabeza. A propósito, ¿en qué habrá quedado la construcción del local en la calle Club de Leones?

Yo pienso que los gobernantes deben poner a la gente en primer plano, porque, aunque por circunstancias propias de la política, el slogan “primero la gente” fue desacreditado, vapuleado, degradado a su mínima expresión, esa debe ser la finalidad última de toda manifestación del Estado; “primero la gente”.