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Tanta generosidad llama a reflexión

Ultima Actualización: domingo, 28 de junio de 2020. Por: Artículo Invitado

Por: Roque J. de León B.

En sociedades como las nuestras donde la democracia es convertida en imperfecta por los gobernantes, que en lugar de hacer  cumplir los deberes y retribuirlos con la garantía de los derechos ciudadanos, motivan la falta de institucionalidad, la corrupción, abusos de poder  y la desigualdad; beneficiando a grupos particulares en lugar de la colectividad.

 

De todos es conocido, que el Presidente de la República obtuvo la aprobación de declaratoria del primer Estado de Excepción, el 17 de marzo del presente año.  Esa fase fue desarrollada y ejecutada sin ningún tipo de planificación, lo que  junto a las acusaciones de mal uso de los recursos asignados en beneficio políticos- electorales del candidato oficial, dificultaría las siguiente extensiones solicitadas, aunque de una u otra forma se imponían.

 

Para sorpresa de muchos, el representante del Poder Ejecutivo en nuestro  país, se presenta como el ser humano más generoso y desprendido al renunciar a tres días de su tan anhelada ampliación del Estado de Emergencia, de dudosa legitimidad en la aprobación.  

 

Esa renuncia no era más, que el inicio de una jugada que evitaría el paso por el Congreso, al hacer la declaratoria de Emergencia Sanitaria,  apoyado en el Ministerio y la Ley General De Salud.  Esto no es otra cosa que la extensión del Estado de Excepción, pero con libertad para salir a hacer campaña proselitista.

 

Los que creen que todos los demás son tontos, ante la reacción de crítica en lo inmediato tratan de protegerse y chantajear con la famosa expresión de: "Palo si boga y palo si no boga".  A esos hay que recordarles, que debemos retornar a la cordura e institucionalidad por el bien de todos, y que de acuerdo a las estadísticas oficiales "nunca como ahora ha sido tan peligroso el COVID-19".

 

En una sociedad democrática, civilizada y organizada, lo menos a que aspiramos los ciudadanos de buena fe es, que nuestras autoridades, por su buen comportamiento y accionar ético-moral sean ejemplo a imitar.  

 

Para que eso se haga realidad, debemos cambiar de actitud y plantearnos que las personas que tienen la oportunidad de conducir las instituciones del Estado, sin importar quienes sean, demuestren poseer perfiles de líderes, y no de compradores de voluntades y vividores de la política.

 

Cuando logremos eso, el primero entre sus iguales no podrá olvidar que aunque fue postulado por un partido y/o coalición de partidos, al momento en que resulta electo, es el representante de todos los ciudadanos por igual; lo que le impide colocarse del lado y representar interés de un grupo en particular.

 

Si de verdad creemos que necesitamos construir un real Estado de Derecho, debemos deponer nuestros intereses personales y unificar criterios para el logro de ese objetivo.  

Tenemos que hacer un alto y reflexionar...

 

ROQUE J. DE LEÓN B. (MAE)

DIPLOMADO EN COMUNICACIÓN SOCIAL INTEGRAL

MIEMBRO DEL: SNTP Y SINL