A más de cuarenta años aún en la mente de quienes quedan vivo en el gremio portuario de Puerto Plata “ha quedado perenne el tableo y las rafas de las ametralladoras disparadas por miembros de la Marina de Guerra y la Policìa Nacional que costo la vida a varios de sus miembros”.


Este sábado último se cumplieron 42 años de esa matanza a mansalva que le quitó la vida a cuatro agremiados y dejó heridos a otros 17 miembros de este combativo sindicato de Puerto Plata.


Este lamentable hecho de sangre ocurrió el 31 de marzo de 1970 cuando los obreros portuarios protestaban por la cercanía de la comandancia de la Marina de Guerra en esta ciudad en contra de la mecanización del tiro de azúcar que llegaba del ingenio Montellano para ser llevada en barcos furgoneros a los Estados Unidos.


La mecha que erupcionó este cruel acontecimiento tuvo lugar cuando un celador de Aduanas identificado como “La Tranca”, golpeó en la cabeza con la culata de su escopeta al sindicalista Pablo Castillo, lo que provocó que los portuarios trataran de vengar este hecho.


Incluso, Castillo pese al fuerte golpe que recibió en la cabeza, fue conducido detenido en estado inconsciente hasta la comandancia de la Marina de Guerra de esta ciudad.


Posteriormente, por la intervención de un sacerdote de apellido Espinal se logró que las autoridades de la Marina de Guerra llevaran a curar a Castillo a la clínica Brugal.


En esta manifestación no solamente participaron los obreros portuarios, sino que también se unieron grupos de estudiantes de los centros públicos de Puerto Plata.


Los guardamarinos utilizaron artillería liviana (fusiles), para reprimir a dichos manifestantes, lo que provocó que cayeran muertos los obreros portuarios Severo Pascual, Carlos Almonte (Papito); Santo López y el estudiante Pumpo Severé.