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Un fantasma en Navidad.-

Ultima Actualización: viernes, 27 de diciembre de 2019. Por: Jaro .

El fantasma de Charles Dickens visitó varios Ebenezer del acontecer en mi ciudad.

El fantasma de Charles Dickens visitó varios Ebenezer del acontecer en mi ciudad, este extraño ser entró a varios hogares la noche del 24. Se desplazó por algunas calles y se detuvo en una humilde residencia de un sector periférico de la parte oeste.

 Encontró una señora cabizbaja, no tenía ganas de cenar porque la tristeza invadía su estómago su hijo cumplía condena recluido a 20 años por participar en actividades ilícitas que involucraba un crimen.

Se sentía culpable por permitirle libertad sin disciplina, pero ignoraba que ser padre y madre a la vez, que trabajar 10 horas al día en una casa familiar le resultaría imposible controlar el monstruo que se gestaba entre la pandilla del barrio esa noche tenía que agotar un turno en su trabajo, tomó su cartera y se dirigió a la puerta.

Persiguió sigiloso a la señora hasta la despampanante residencia en la que laboraba y se sorprendió de la elegancia del interior también se sorprendió del interior de esta “familia ejemplar”; encontró tanta oscuridad oculta en este sesgo de cinco miembros comenzando por el origen sucio de lo que ostentaban.

Muchos enfermos a causa de la actividad del patriarca, sí, todos aquellos adictos fruto de sus actividades comerciales al detalle y al por mayor, para consumo local, nacional y para exportación de aquella sustancia blanca a quien alguien llamó alguna vez “Loca María”.

La dama poseía una simbiosis rara entre el maltrato físico y la infidelidad justificada, con un chulo de uso ocasional, temporario y que acicalaba una piel llena de pecados. ¡Ah! sus hijos, el mayor jugaba al vaquero malo, encontrando impunidad en sus actos de abuso a sus conciudadanos con amigos de la familia que recibían pagos ilegales, con dinero tintado en sangre producto de la violencia y ajusticiamientos a aquellos que alguna vez tuvieron el valor de enfrentarlo, la damita del medio, entregada al chofer de la familia, había conocido de manera precoz los placeres de la carne ajena saboreando lo más crudo del acto salvaje en donde se presentara la ocasión y descubierta por la madre que callaba la relación sucumbiendo al chantaje de su propio desliz.

El más pequeño de la familia luchaba con un problema de inclinación hacia sus congéneres y disfrutaba más del pistilo que la flor, entonces aquel enviado se asqueó de tantos Ebenezer en un solo hogar, huyó atravesando muros y puertas despavorido, esfumándose y, de repente fue a parar a un lugar aislado, no era un hogar, tampoco un monasterio, era un edificio frío y oscuro, con paredes templadas que contaban historias tristes, un purgatorio de penas y delitos, de penitencias, de arrepentimientos, de culpables con conciencias sucias, añejadas en el tiempo y endurecidas por la naturaleza del oficio escogido, almas en pena que habían perdido el rumbo de la justicia, el respeto y la dignidad, llenos de inmoralidad y odio a sus semejantes basados en la lascivia, envidia y egoísmo, con frustraciones en busca del desahogo y respiro del lazo que apretaba sus gargantas, ahí se encontró con el arrepentido; corroído por la culpa del descrédito de su madre y el propio había madurado y reconocía sus errores, pagaba por su culpa, con el corazón lavado en las propias manos de su creador quien lo recibió desde el mismo instante que depuso su conducta irracional para darle paso al alivio del espíritu a través de la fe ,pagaría su tiempo siendo un renovado, pero jamás recibiría el beneficio de aquel que se escudaba en la impunidad, el chantaje y el dinero.