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Para que luego no se alegue ignorancia

Ultima Actualización: viernes, 28 de junio de 2019. Por: Franklin Álvarez.

No pretendo dar una explicación de la causa del Holocausto, sino más bien advertir sobre el poder que posee una ideología.

“Al tardarse el novio, a todas les dio sueño y se durmieron” (Mateo 25:5). Las diez vírgenes de que nos habla Mateo, al ver que el novio se tardaba no sólo cabecearon, sino que se durmieron. Esta parábola, relatada por el Señor Jesucristo se refiere a lo que ocurrirá en los postreros tiempos. Tanto sus seguidores fieles como los que no lo son, dada la tardanza de su Advenimiento, se descuidarán. Esta parece ser una constante en todos los grandes acontecimientos de la historia. Aldoux Huxley decía que quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de ella.

Nadie previó unos años antes de que ocurriera lo que para muchos estudiosos ha sido el crimen más grande de la historia: el Holocausto judío. Como dice Paul Johnson: “En muchos aspectos es todavía un episodio misterioso: no en lo que se refiere a los hechos, que han sido documentados en desconcertante cantidad, sino en lo relativo a las causas” (La historia de los judíos, p. 473). En ese entonces Alemania era por mucho la nación más educada de la tierra. Fue la primera que alcanzó la alfabetización adulta universal. Entre 1870 y 1933 sus universidades fueron las mejores del mundo prácticamente en todas las disciplinas y como ha señalado Fritz Stern, “entre 1870 y 1914 los alemanes de pronto surgieron como los judíos surgieron con el carácter de una raza activamente poderosa”. Pero aún más, los dos pueblos se ayudaron enormemente el uno al otro. Entre las muchas cosas que compartían estaba una consagración casi fanática al saber. Los judíos consagraban sus mejores esfuerzos a Alemania y contribuían a su grandeza. Es digno de destacar que desde la creación del premio Nobel hasta 1933, Alemania ganó más premios que cualquier otro país, alrededor del 30% del total. Pero de la parte de Alemania, los judíos fueron responsables de casi un tercio y en medicina de la mitad. Pero, ¿qué pasó? El mismo Paul Johnson, admite: “Los intentos de ofrecer una explicación ya están llenando bibliotecas enteras, pero en última instancia siempre parecen inapropiados” (op. cit. p. 474).

No pretendo dar una explicación de la causa del Holocausto, sino más bien advertir sobre el poder que posee una ideología. Una ideología hace referencia a cualquier corriente de pensamiento que persiga transformar el sistema político, social, económico y cultural existente. El nazismo fue la ideología que ganó el corazón de prácticamente todo un pueblo con su antisemitismo, su racismo, por lo que se puede decir que el pueblo alemán sabía del genocidio y lo aceptaba. Había 900.000 hombres solamente en las SS, además de 1.200.000 que trabajaban en los ferrocarriles. Los trenes eran un elemento delator. La mayoría de los alemanes sabían el significado de los trenes enormes y atestados que rodaban en las horas de la noche. Pero en las ideologías las doctrinas se convierten en un dogma de fe contra el que no se puede disentir ni opinar, so pena de padecer multas, cárcel, y, por supuesto, la marginación social como disidentes, al estilo de los “mejores” regímenes dictatoriales. Como en el caso de la novela de George Orwell 1984, mientras Winston se esforzaba por subir al séptimo piso, veía “uno de esos dibujos realizados de tal manera que los ojos le siguen a uno adondequiera que esté. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las palabras al pie”. Son los ojos omnipresentes del estado totalitario.

La advertencia que nos hace la Alianza Evangélica Española, es pertinente: “Vivimos tiempos complicados donde los pilares de la civilización Occidental están siendo removidos, las bases judeocristianas de Europa y Occidente están siendo negadas, mientras los nuevos conceptos del marxismo cultural y de la ideología de género están siendo impuestos en las políticas de la mayoría de sus países. A lo largo de la historia de la humanidad, tal vez ni siquiera las ideologías nazis o los regímenes comunistas más severos, habían logrado imponer a extremos como los que hoy empezamos a vivir, una ideología con pretensiones de destruir al ser humano en sus bases ontológicas, creando una nueva civilización de seres mutantes capaces de redefinirse y reinventarse al capricho objetivo de cada individuo”.

En los tiempos de Hitler había alrededor de 8.861.800 judíos en los países europeos que se encontraban directa o indirectamente bajo su control, y se calcula que de este total los nazis mataron a 5.933.900, es decir, el 67%.No sé a usted, pero a mí me aterra pensar, que sea cierto –y no tengo porqué ponerlo en duda- que, refiriéndose a la ideología de género, “a lo largo de la historia de la humanidad, tal vez ni siquiera las ideologías nazis o los regímenes comunistas más severos, habían logrado imponer a extremos como los que hoy empezamos a vivir”. Pero, para que veamos lo avanzado que está el asunto, es bueno saber que ésta “tiene mucha influencia en las decisiones políticas de los grandes organismos internacionales como la ONU, la UE, la OEA, la UNESCO, la OMS, y otros, para los que el crecimiento demográfico, el control de la economía y los recursos alimenticios globales, son un grave problema. Problema que en parte puede ser aliviado apoyando políticas abortistas, anti familia, y permitiendo que la agenda LGTBI y sus proclamas, promuevan nuevos modelos familiares que alejen la maternidad, la procreación, y todo lo que huela a cultura judeocristiana” (Origen y desarrollo de la ideología de género, fundamentos teológicos del matrimonio y la familia, p.12).

Dentro de los llamados diez mandamientos de la ideología de género está uno que no es más que una terrible dictadura ideológica definida como: “Pensamiento único y rechazo frontal y beligerante a todas las ideas contrarias al pensamiento totalitario. Oposición a cualquier postura conservadora tachándolo de homófoba, fascista y represora”. Toda disidencia es perseguida como intransigencia y con intransigencia. Pero hay uno que es el que quizás más preocupa a los padres hoy día, la llamada Colonización ideológica, que busca imponer programas de adoctrinamiento desde la infancia, para crear una nueva forma de pensar en nuestros hijos y en las futuras generaciones. Como lo resalta el documento de la Alianza Evangélica Española: “El poder que se otorga a estas organizaciones LGTBI carece de precedentes en nuestra democracia; por ejemplo en materia de educación. Ningún partido político o sindicato –instituciones reconocidas en la Constitución- ha pretendido nunca que su ideología sea de obligatoria visibilización en los curriculum escolares ni que los escolares deban conocer y apreciar positivamente sus postulados ideológicos ni que se permita el acceso a todos los centros escolares de sus militantes para adoctrinar a los escolares en sus postulados ideológicos”. ¡Hermanos, dejemos de cabecear y despertémonos que el día está avanzado! (Romanos 13:11).