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Justina Almonte Santos

Ultima Actualización: sábado, 02 de diciembre de 2017. Por: juan ventura

Doña Justina se hizo ciudadana estadounidense por conveniencia, pero siguió siendo una dominicana que amaba y quería a su pueblo de Puerto Plata.

Murió en Puerto Plata, el 22 de diciembre de 2004, a la edad de 71 años, la apreciada y distinguida señora doña Justina Almonte Santos, después de haber luchado en contra de una larga enfermedad.

Su muerte consternó a los puertoplateños residentes en New York e igualmente en a la colectividad de Puerto Plata.

Murió una mujer buena y admirada por sus familiares, amigos y allegados. Siempre será recordada por sus dones de bien y desprendimiento de lo material.

Se le consideró muy dinámica y afable en el trato a los demás.

Tanto en su país de origen como en New York, que la acogió como su segunda patria, llevó una trayectoria de vida honesta, de las cuales sus familiares y amigos no tienen de qué arrepentirse de nada deshonroso.

Había nacido de una pareja de esposo, en donde predominaba el amor, la comprensión, el trabajo tesonero y la seriedad. Sus padres eran un ejemplo de pareja en el Ensanche Dubocq, de Puerto Plata. Ya éstos octogenarios se le veía de ganchos y con un amor a flor de labios en ambos, en la calle 8 de ese populoso sector. A la muerte de sus dos padres, organizó en un lado de la casa—hogar de éstos una Fundación de la Familia Almonte—Santos. Mantuvo unida a la familia Almonte—Santos hasta el último día de su muerte.

Doña Justina se convirtió en el eje principal de sus doce hermanos, nietos y bisnietos. Siempre iba en ayuda económica de éstos en los momentos de apuros. Nunca desamparos a sus familiares, amigos y allegados.

Era caritativa con los pobres hambrientos y con el prójimo.

De una fe católica arraigada en su madre. Se integró a los grupos católicos organizados por la Catedral San Felipe de Puerto Plata, a través de las Capillas de San Martín de Porros y La Altagracia, de la parte baja de la ciudad. Una creyente católica y adoraba el Corazón de Jesús.

De ahí, que a doña Justina Almonte, se le respetó y admiró en su familia y en Puerto Plata y New York.

Desde la adolescencia se dedicó al trabajo productivo como trilladora de café en los almacenes de las compañías: Exportadora, Munné, Bordas y Paiewonsky, de ésta ciudad de Puerto Plata.

Justina Almonte Santos nació en Altamira, Puerto Plata, el 14 de mayo de 1933, hija de los señores: Florentino Almonte (a) Flor, quien trabajó como agricultor en el campo y de jornalero de las compañías Exportadora, Munné, Bordas y Paiewonsky por muchos años y murió a la edad de 89 años y de la señora Isabel Santos, oriunda de la Loma de El Fundo, de Luperón, Puerto Plata, fallecida a la edad de 92 años, en Puerto Plata.

La pareja Almonte—Santos, además, procreó doce hijos más, que fueron: Juan (Pastor, fallecido), María, Bonifacio (Bone, fallecido), Pedro (muerto), Juana (Juanita, fallecida), Efigenia (Negra, fallecida), Catalina (fallecida), Ana (ñoña, fallecida), Félix (fallecido), Jesús María (fallecido), Emilio (Milito) y Graciela (Chelia).

Siendo una adolescente sus padres e hijos emigraron en el año 1943 de El Fundo, Luperón, en plena Era de Trujillo, a la ciudad de Puerto Plata en busca de mejor situación económica para su desenvolvimiento. Se establecieron a vivir, en la calle 8 Casa No. 25 del Ensanche Dubocq.

Justina Almonte fue alfabetizada por el maestro Lorenzo Hernández (a) Lorenzón. Apenas pudo llegar hasta un tercero de primarias, por los exiguos recursos económicos de sus padres. Fue una aventajada alumna, de acuerdo con el decir de sus condiscípulos. De una buena ortografía en su escritura y de linda letras al escribir.

Contrajo un primer matrimonio con Leonidas Vásquez (hombre trabajador en los almacenes, el muelle y en la Chocolatera Sánchez de Puerto Plata), con quien procreó los hijos: Leonidas (Leo), José Arismendy (Meme), Héctor Bienvenido, Alfida (Tago), Miladis, Eddy y Marina Vásquez Almonte.

Se preocupó en darle educación a sus hijos y guiarlos por el buen camino del bien.

Posteriormente contrajo segundas nupcias con Felipe Reyes Regalado y procreó una hija de nombre; Nury Reyes Almonte.

De todas las mujeres que trillaban café era doña Justina Almonte la que más nivel de escolaridad tenía, de ahí que fuera ella secretaria perpetúa del Sindicato de Trilladoras de Café de Puerto Plata, dirigida por su presidenta Carolina de la Cruz, quien era analfabeta y con muchas habilidades.

Después del ajusticiamiento del dictador Trujillo en 1961, participó doña Justina Almonte y las demás mujeres, en los cursos de formación sindical que dictaba en Puerto Plata, el profesor Daniel Díaz—Alejo (fallecido) a través de la Confederación Autónoma de Sindicatos Cristianos (CASC), filial Puerto Plata, siendo uno de sus fundadores Ramón Ramírez García.

Por muchos años trabajó en la Casa Paiewonsky e hijos, C. Por A., como trilladora de café junto a María Vásquez Ramos (fallecida), Aura Wells (Lilín), Hilda María García (Nine), Confesora Sandoval Cabrera, Olivia Campusano, Andrea Mejía (chilín), Ana Vásquez, Petra Díaz, Alejandrina Messón (Sabina, fallecida), Luz María Díaz, María Almonte, Luisa Ortega (fallecida), Juana Almonte (Juanita, fallecida), Aura Santos (Lala), Paula Santos (Panana), Carmen Santos (fallecida), Hilaria García (Idalia), Ramona Vargas, Chana García y otras tantas.

Doña Justina Almonte, además, por muchos años mantuvo una rifa de aguates de la Lotería Nacional, cuando las mismas eran de maneras ilegales en el país.

En la década de los años 60 comenzó a inmigrar a New York una gran cantidad de Puertoplateños, enclavados principalmente, en el barrio Los Callejones, hoy día llamado Ensanche Dubocq, en busca de nuevos horizontes en su quehacer cotidiano. Entre esos Puertoplateños estuvieron: Agripina Vásquez (a) Pina (fallecida), Elena Wells de Hernández, Prudencio Castillo Peña (Santico), Félix Vásquez, Silvestre Morel (Danda), Bernardo Mercado (El Gordito), Ana Isabel Lee, Leonidas Vásquez Almonte, Pedro Medrano (fallecido), Andrés Hernández (El Chino), Salvador Gómez, y otros tantos. A partir de éstos comenzarán a llegar familiares y amigos, como esposos, hijos, hermanos, nietos, amigos, y otros.

El 4 de octubre de 1969, se embarcó en la ciudad de Santo Domingo, el esposo de ella señor Felipe Reyes Regalado junto a dos coterráneos más: José Antonio Santos y José Antonio Peña (Totolo) en el barco de carga “Puerto Plata”, con rumbo a New York, para ese entonces los costos de abordaje eran por la suma de RD$149.00 el viaje ida y vuelta a aquella urbe.

A partir de ahí comenzaron otros coterráneos a inmigrar a New York en la década de los 70, como fueron: Maritza Tejada Santos de Vásquez, Ramón Antonio Díaz Castillo (Pelú), Fausto Gregorio Martínez (Susi), Juan Antonio Banks Raig (Tony), Carlos Camacho (papotico), Rafael Banks Raig (Papote) y otros.

El 14 de julio de 1971, cuando tenía 38 años de edad, logró emprender viaje por Santo Domingo, la señora doña Justina Almonte Santos y sus hijos: Héctor, Alfida, Eddy, Miladis, Marina y Nury a New York, gracias a una petición que había hecho su hijo Leonidas Vásquez Almonte, que inmigró del país a New York por el status quo  en que se encontraba el país como consecuencia del gobierno del licenciado Joaquín Balaguer Ricardo, iniciado el 1 de junio de 1966, que le negó a sus opositores darle trabajo: lo persiguió, encarceló, mató y exilió. Debido a que Meme era mayor de edad no pudo viajar en esa oportunidad, haciéndolo posteriormente.

En la gran Urbe de New York comenzó a rehacer de su vida doña Justina en compañía de su esposo Felipe y demás hijos. Allí trabajó como operaria de una factoría por algunos años.

Supo inculcarles a sus hijos el trabajo honesto y lícito.

El mayor de sus hijos, Leonidas Vásquez Almonte, se dedicó en el país al negocio de hotelería, venta de prendas preciosas y venta de electrodomésticos. Este ha sido un ejemplo a imitar y seguir por los demás emigrantes. Ha seguido siendo el hombre sencillo, cariñoso, bueno, honesto y siempre dispuesto en ir en ayuda de sus prójimos. Lo poco que tiene lo consiguió de manera honrada y lícitamente en New York. Sus demás hijos viven en Puerto Plata, dedicados a los negocios y otros permanecen en New York, trabajando tesoneramente.

Doña Justina se hizo ciudadana estadounidense por conveniencia, pero siguió siendo una dominicana que amaba y quería a su pueblo de Puerto Plata.

No le hizo daño a nadie. Vivió al tanto de los pasos de sus hijos y demás familiares.

Deberá de ser recordada siempre como una mujer desprendida y apegada a sus familiares y amistades.