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La Mentira

Ultima Actualización: miércoles, 26 de abril de 2017. Por: Ariel Heredia Ricardo

No cabe duda que la mentira se ha convertido más que en un pecado, una cultura en todos los ámbitos de la sociedad.

No cabe duda que la mentira se ha convertido más que en un pecado, una cultura en todos los ámbitos de la sociedad. Mienten los políticos la usan para alcanzar sus objetivos, los pastores se valen de ella para lucrarse, torcer la verdad y predicar el engaño.

Los empresarios y las transnacionales la usan para promover sus productos, y el niño acude a ella para evadir el castigo. Como fruto de la mentira nace el engaño, y como fruto del engaño aparece la frustración y la decepción. Pero analicemos la mentira dentro de cada área, tanto en lo social como en lo espiritual.

¿Cuándo nace la mentira? Aparece antes de que naciera al pecado en el hombre. Fue en el Huerto del Edén cuando Satanás acudiendo a la mentira, sedujo a Eva para desobedecer a Dios. ¿Qué le dijo Satanás a la mujer para engañarla? Que si comía de los frutos prohibido serías como Dios y no morirían.

Adán y Eva no habían sido creados para morir, y tenían la imagen de Dios, y no necesitaban ser Dios. El hecho es que creyendo la mentira del diablo, y dieron por sentado que morirían, y se dejaron seducir por el engaño. Es por eso por lo que la Biblia le llama a Satanás el Padre de la mentira.

A lo largo de la Biblia vemos a Dios condenando la mentira la cual se manifiesta en muchas formas, como por ejemplo el falso testimonio, uno de los diez mandamientos, el engaño y el evadir decir la verdad cuando eres confrontado. Callar frente al error nos hace cómplice de la mentira, y no confrontar el error se convierte en un silencio que esconde el engaño y a la larga se asemeja a la mentira.

Es intolerable que los cristianos practiquen la mentira, o no diga la verdad para no prometerse y caer mal. Jesús enseñó que nuestro hablar debe ser siempre, si, o no, porque lo que es demás del mal procede.

En la política la mentira se ha convertido un arte. En el pasado escuchamos a Danilo Medina, decir, que él no cree en la reelección y por tal motivo renunció del puesto que ocupaba en ese tiempo.

Recientemente en las elecciones de los Estados Unidos vimos como el candidato Donald Trump habló mal de presidente de los Estados Unido diciéndole de todo, inclusive que no era norteamericano, y después lo vemos en la Casa Blanca cuando fue electo presidente, alabando y pidiéndole su asesoría.

También lo vimos atacando violentamente a la candidata del partido contrario, la señora Hillary Clinton, a la cual le llamó incapaz, corrupta y que la iba a meter presa por los líos de los correos electrónicos que había manejado de forma privada, y después, al ser electo, lo vemos alabando en público a Hillary y conociendo sus cualidades como secretaria de estado en el pasado y su ardua lucha.

Así son los políticos de hoy día, se dicen pestes uno a los otros, y la gente los defiende y es fanatizada con ellos, y después los vemos comiendo junto como que nada pasó. Es triste ver la hipocresía que desencadenan las mentiras dentro del campo político y como el engaño y la fantasía controlada la opinión de la mayoría de las personas.

La mentira es para los cristianos un pecado muy serio, se compara con el robo, borrachera y homosexualidad, pero para la sociedad moderna es una cultura, es una forma de ganarse la vida, evadir responsabilidades y engañar a diestra y siniestra.

Sin embargo, la mentira no solo domina en el mundo secular, sino que ha entrado dentro de la iglesia cristiana, y lo triste es que se usa a través de una manipulación bíblica en donde se trata de justificar lo injustificable. El engaño forma parte de la metodología moderna para atraer a la gente hacia un falso cristianismo, prometiendo cosas que Dios no prometió, y escondiendo la verdad que fue revelada por Dios en su Palabra.

Ser voluble, hablar a medias tintas, no expresar todo el consejo de Dios por miedo a perder beneficios, callar frente al error, y no dar respuesta clara de la esperanza de que hay en nosotros, nos lleva a un plano de hipocresía, en donde muchas veces tenemos que usar la mentira como el escudo, para esconder la verdad y justificar nuestros errores.

En la biblia está claro que entre los pecados que Dios más aborrece, la mentira forma parte importante de ellos, y es intolerable e inaceptable en aquellos que dicen servir a Jesucristo. Recordemos el hecho bíblico de un matrimonio llamado Ananías y Safira, que trataron de engañar al apóstol Pedro frente a una promesa que habían hecho, y como consecuencia de tal acción, dice la Biblia que el Espíritu Santo los mató.

 Si en nuestros tiempos el Espíritu Santo tuviera que matar a los mentirosos dentro de la iglesia, muchas congregaciones se quedarían vacías y muchos pastores desaparecerían de los pulpitos. Ah… Se me olvida, machos países se quedarían sin políticos, principalmente República Dominicana.

Es un deber hablar con la verdad, y dejar de lado la diplomacia y sutileza para evadir con palabra lisonjeras y suavizadas los conceptos del pecado y la maldad. Los cristianos debe ser íntegro en lo que promete, puntual y responsable en lo que dice, y como afirma la palabra, que no haya engaño en él.

 Mientras el mundo se envuelve de mentiras, la iglesia tiene que proclamar la verdad y enseñarla verdad. Sí por decir la verdad tenemos que padecer, bienaventurados seamos, porque ese fue el ejemplo que dio Jesús y el deber es obedecer a Dios más que a los hombres.

Fuente: Mario  E. Fumero.

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