EL SUBSIDIO A LA VIDA
Por: Ramón Tejada Read
Miércoles 17 de septiembre de 2008
En muchas ocasiones he debido reflexionar sobre la
cuestión de la salud acicateado por experiencias muy personales.
Viviendo en Estados Unidos me tocó llevar a consulta a una de mis hijas
y me asombró que, sólo para dar ingreso al sistema a la paciente y a
pesar de estar “asegurados”, había que pagar 200 dólares.
La segunda vez, lastimarse un tobillo otra de mis hijas nos costó más
de mil dólares y peripecias que mejor no contar, ¡y contábamos con
seguro médico!
Lo más grave de todo es que poco después vería surgir en mi país un
sistema de salud muy parecido a ése que se sufre en Estados Unidos y que
algunos han vendido como “lo mejor de la bolita del mundo”.
Y vería a las ARS nuevas y viejas pelear porque quieren un pedazo más
grande del pastel que se reparte en este negocito.
Una de las mejores aseguradoras de riesgos de salud o ARS, que había
cobrado siete mil pesos mensuales por mucho tiempo a un amigo que había
asegurado a sus familiares más cercanos, de repente dejó fuera de
cobertura al padre de ese amigo “porque ya había cumplido los 65 años”.
¿Resultado? Una caída de su padre, que por mucho tiempo había pagado su
seguro, ha faltado poco para que le cueste unos 400 mil pesos.
Pero hace sólo unos días que vi a una de esas ARS anunciar la
construcción de un edificio de unos ¡250 ó 300 millones de pesos! Y no
pude dejar de preguntarme de dónde saldrán esos 200 ó 300 millones si no
es de los bolsillos de quienes, a pesar de que pagan impuestos, tienen
también que comprar la salud.
Y no he podido dejar de preguntarme: ¿Qué sociedad, qué sistema social
es éste que comercia de manera tan olímpica y tan criminal con la salud;
es decir, con la vida, y que nos vende ese pugilato y ese comercio
malsano como algo natural, normal, no inmoral?
¿Y dónde están los líderes de toda laya en nuestra sociedad –políticos,
religiosos, empresariales…— que que se quedan mudos ante tanto abuso
como admitiendo que “el que quiera salud que la compre”?
Después de ver las decenas de miles de millones de pesos que invertimos
en un sistema de electricidad que no puede ser peor servicio ni mejor
negocio para un grupito; después de gastarnos alrededor de treinta mil
millones de pesos en un tren para ir de Villa Mella a La Feria y de que
sin chistar vamos a invertir probablemente más en otra línea de tren,
¿por qué escatimar esfuerzos para que el Senasa sea el mejor sistema de
salud al servicio de la ciudadanía?
La inversión en salud, si es que el Estado tendría que hacer alguna más
en el Senasa, sería el mejor subsidio que pudiera otorgar éste y
cualquier gobierno, porque no es otra cosa que el subsidio a la salud,
es decir, a la vida.
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